Camilo Cuellar
Un espacio de reflexión colectiva impulsado por el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación y la Dirección de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobierno, en el marco de la exposición Bogotá: La Ciudad de los Derechos Humanos.
El arte urbano volvió a ocupar un lugar central en la discusión sobre memoria y derechos humanos. Esta vez no desde el muro, sino desde la palabra. En el Museo de Bogotá se realizó el conversatorio “El Arte de Defender los Derechos Humanos: memoria, resistencia y espacio público”, un espacio de reflexión colectiva impulsado por el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación y la Dirección de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobierno, en el marco de la exposición Bogotá: La Ciudad de los Derechos Humanos.
Una apuesta pedagógica que trasciende el evento
El encuentro marcó la apertura de una serie de talleres pedagógicos que se desarrollarán entre febrero y mayo, y que parten de una premisa: el arte urbano no es vandalismo, es memoria; no es ruido, es denuncia; y no es un problema por borrar, sino una herramienta para disputar sentidos en el espacio público.
Voces diversas para una memoria colectiva
El panel reunió experiencias comunitarias, artísticas e institucionales que han hecho del arte un vehículo para la búsqueda de verdad, justicia y reconocimiento de las víctimas. La conversación estuvo atravesada por un hecho que marcó el último año en el país: la multiplicación de murales con la consigna “Las cuchas tienen razón”, una expresión artística que conectó la lucha histórica de las mujeres buscadoras con una ola de solidaridad ciudadana y acción colectiva en el espacio público.
Arte, indignación y solidaridad
Lejos de ser un fenómeno aislado, estas pinturas evidenciaron cómo el arte urbano puede activar indignación, empatía y memoria frente a una de las violaciones más graves a los derechos humanos: la desaparición forzada, especialmente en los casos conocidos como “falsos positivos”.
Los muros y la estigmatización
Durante el diálogo se abordaron las dificultades persistentes frente a la estigmatización del grafiti, los murales y la defensa de los derechos humanos. Una estigmatización que no solo impacta a artistas y colectivos, sino que limita la construcción de memoria y el acceso ciudadano a narrativas distintas a las oficiales.
El rol del Estado en la defensa de la memoria
El espacio también permitió reflexionar sobre el papel de las instituciones: no como censoras del muro, sino como garantes del derecho a la expresión, la memoria y la apropiación del espacio público, a partir de un trabajo en equipo con organizaciones sociales y comunitarias en los territorios.
Una cartilla como herramienta de acción
El conversatorio funcionó además como una introducción a los talleres que profundizarán en los contenidos de la cartilla “El Arte de Defender los Derechos Humanos: memoria, resistencia y espacio público”, un documento que combina reflexión teórica y una cartografía de murales en Bogotá vinculados a luchas sociales y procesos de memoria.
Cuando el arte interpela el presente
En un país donde la memoria suele incomodar, el encuentro dejó una reflexión: el arte en el espacio público no solo recuerda el pasado, también interpela el presente. Y mientras existan muros, habrá historias que insistirán en no ser borradas.