Riqueza cultural pueblo raizal. Foto: Alejandro Zuluaga
En Bogotá también se habla creole, se baila calipso y se prepara rondón. Detrás de estas expresiones está el pueblo raizal de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, una comunidad que, lejos del mar que la vio nacer, mantiene viva su identidad mientras construye su presente en la capital. Su lengua, sus sabores, su música y sus memorias enriquecen la diversidad cultural de la ciudad.
En la inauguración de la XXII Semana Raizal, integrantes de esta comunidad compartieron sus historias de vida, el orgullo por sus raíces y la importancia de preservar sus tradiciones. En esta edición, el tema central gira en torno a las Bebidas Tradicionales, por ello el lema será: "Fiwi ancestral drinks, paat ah fiwi koltio / Our ancestral drinks, part of our culture / Nuestras bebidas ancestrales, parte de nuestra cultura", en este evento la Secretaría Distrital de Gobierno reiteró su compromiso con el pueblo raizal y con el fortalecimiento de sus derechos e identidad cultural.
El sábado 17 de octubre, en el auditorio Teresa Cuervo del Museo Nacional, se inauguró la XXII Semana Raizal, un encuentro que abrió sus puertas a la ciudadanía para acercarla a los valores, la historia, las costumbres y las expresiones de este pueblo étnico.
“Es una semana dedicada al pueblo raizal, a mostrar qué ofrecemos, quiénes somos y qué hacemos acá en Bogotá”, explicó Lizeth Carolina Jaramillo Davis, presidenta de la Organización de la Comunidad Raizal con Residencia fuera del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina (ORFA).
Para la lideresa, este espacio también es una oportunidad para superar los imaginarios que reducen al archipiélago a sus playas. “No es solamente playa, brisa y mar, sino que tenemos una historia, una tradición que podemos compartir con todos ustedes”, afirmó.
Historias que cruzan el mar
La Semana Raizal cobra sentido cuando las tradiciones dejan de ser una referencia lejana y se convierten en experiencias compartidas. Detrás de cada expresión cultural hay familias, generaciones y personas que encuentran en sus raíces una forma de reconocerse y aportar a la ciudad que habitan.
Aaliyah Davis Archbold tiene 16 años, cursa décimo grado y conoce lo que significa crecer entre culturas. Tras haber vivido cuatro años en Bogotá, regresó recientemente a la capital y encontró en el colegio una oportunidad para compartir su origen con otras personas jóvenes.
“En el colegio tengo la oportunidad de compartir con otros jóvenes sobre mi gente y mi cultura. Por ejemplo, me preguntan por la lengua que hablo. Me gusta mucho explicar”, contó. Para ella, compartir sus raíces es una manera de enseñar, despertar curiosidad y acercar a otras personas a la realidad del archipiélago.
Su testimonio refleja el papel de las nuevas generaciones en la preservación de la identidad raizal: jóvenes que estudian, hacen amistades y construyen sus proyectos de vida sin que eso signifique dejar atrás sus raíces.
Esa conexión también está presente en la experiencia de Shery Sáenz Domínguez, terapeuta ocupacional que lleva diez años viviendo en la capital. Su historia habla de la posibilidad de pertenecer a una ciudad sin renunciar a la identidad propia.
“Amo Bogotá. Me ha dado muchísimas cosas. Me encanta estar aquí, hacer amigos nuevos y compartir con las personas bogotanas que, de cierta forma, empiezan a amar la cultura por medio de alguna persona raizal, por ejemplo, por medio de mí”, expresó.
Así, la identidad raizal también se hace presente en los espacios de estudio, los lugares de trabajo, los barrios y las relaciones que se tejen con quienes llaman a Bogotá su hogar.

Una herencia que se transmite de generación en generación
Durante la inauguración también se rindió homenaje a personas que han contribuido a preservar la memoria y las tradiciones del archipiélago. Entre las historias compartidas estuvo la de la familia Baldonado Bryan, cuyo legado está ligado a la ganadería y la agricultura en San Andrés.
Alejandro Baldonado Bryan recordó que su padre fue uno de los pioneros de la ganadería sanandresana a comienzos de la década de 1950. A partir de sus relatos familiares, reconstruyó una historia de trabajo, animales y vínculos comerciales que conecta a la isla con otras regiones del país.
“Antes de morir, le hice una promesa a mi papá: mantener su legado, continuarlo y no dejarlo acabar”, recordó al hablar del compromiso que asumió para preservar esta herencia familiar.
Alejandro destacó que la cultura raizal tiene una identidad marcada por sus raíces africanas y sus vínculos históricos con el Caribe anglófono. Reconocer esta particularidad es fundamental para comprender la diversidad cultural colombiana.
Su testimonio muestra que el patrimonio cultural también está presente en los oficios, las prácticas productivas, los recuerdos familiares y la tradición oral, que permite a las nuevas generaciones conocer de dónde vienen.
Una Bogotá que reconoce
En la inauguración participó David Cortés Araújo, director de Asuntos Étnicos de la Secretaría Distrital de Gobierno, quien reiteró el compromiso de la entidad con el pueblo raizal y destacó los avances de la política pública dirigida a esta comunidad.
“La Casa Raizal es el espacio seguro del pueblo raizal en Bogotá. Allí la comunidad puede practicar danza, desarrollar actividades culturales y recibir orientación jurídica en su propia lengua. Es un lugar que fortalece los vínculos comunitarios y contribuye a preservar sus tradiciones”, destacó Cortés Araújo.
El director de Asuntos Étnicos también resaltó la importancia de mantener el diálogo entre la Administración distrital y la comunidad. Aunque existen retos, hay disposición de continuar trabajando conjuntamente para consolidar los avances alcanzados.
La conexión entre Bogotá y el archipiélago también se fortalece a través de las oportunidades, los aprendizajes y las experiencias que las personas raizales adquieren en la capital y que pueden aportar al futuro de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, sin perder el vínculo con sus raíces.

Conocer para valorar, valorar para respetar
Para Lizeth Carolina Jaramillo Davis, el reconocimiento de la diversidad comienza con una decisión sencilla: darse la oportunidad de conocer a las demás personas. Su invitación es a acercarse a las diferentes culturas y comprender la riqueza de los pueblos que conforman el país.
“Conociendo, podemos hablar un poco más sobre nuestras culturas y respetar un poco más. Es importante conocer nuestras historias, tradiciones y los procesos que se han transmitido de generación en generación. Por eso, los invito a participar en las actividades, vivir estas experiencias de primera mano y aprender sobre la cultura raizal, para comprender también nuestras luchas por los derechos”, señaló.

La XXII Semana Raizal, que cuenta con el acompañamiento de la Administración Distrital y es importante para el alcalde mayor de Bogotá, Carlos Fernando Galán, porque representa una oportunidad para reconocer la riqueza cultural de esta comunidad a través de sus voces, sabores, bebidas ancestrales, expresiones artísticas y memorias. Valorar al pueblo raizal significa reconocer su aporte a la diversidad, proteger sus derechos y construir una ciudad en la que cada comunidad pueda mantener vivas sus raíces.