Foto: Camilo Triana
Bogotá, octubre 22 de 2026. Nació en Bogotá, pero su corazón late al ritmo de las olas de Providencia. Lina Yennyfer Bejarano Newball lleva en la piel el azul cristalino del mar Caribe y el color de los arrecifes de coral que rodean y protegen esta isla de 17 kilómetros cuadrados, parte del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Hoy, desde la capital, esta mujer raizal tiene una misión: que nadie vuelva a mirar a los pueblos étnicos como si fueran invisibles.
Es una orgullosa mujer raizal que ama las raíces que plantaron su mamá, sus tíos y tías, sus abuelas y abuelos y generaciones precedentes en esta zona del Caribe colombiano, y que se han extendido a territorios continentales como la capital del país, en donde Lina completa más de seis años en un proceso de visibilización de la cultura y quehacer de los pueblos étnicos.
“Soy trabajadora social, con una especialización en consultoría familiar y redes sociales, pero redes sociales de tejido comunitario, no de las redes sociales de ahora”, señaló Bejarano, cuya historia y testimonio hacen parte de las actividades de exaltación de las mujeres raizales en Bogotá, quienes tendrán una jornada de conmemoración este viernes 23 de octubre en la sede del Politécnico Gran Colombiano en la calle 61 # 7 – 69, localidad de Chapinero.
Vínculo con Providencia
Lina señala que siempre ha estado vinculada al territorio natal de su madre; aunque vive en Bogotá, en sus vacaciones procura visitar el territorio que la identifica.
Y en Bogotá, revalida su deseo de estar conectada de manera permanente a su cultura a través de ORFA (Organización de la Comunidad Raizal con Residencia fuera del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina). “Con ellos reavivo todo ese acervo cultural y me meto de lleno en todo el tema étnico y de visibilizar todos los usos y costumbres de nuestro pueblo raizal”, apuntó.
Por un futuro sin racismo
En este aspecto, uno de sus principales retos ha sido la puesta en marcha de la estrategia ‘Un Futuro sin Racismo’, que busca sensibilizar a autoridades de policía, servidores y servidoras del sector público del Distrito, sobre la importancia de conocer el valor, la riqueza cultural y los aportes de los pueblos étnicos que habitan en la capital y hacen de Bogotá una ciudad pluricultural y diversa.
Y ha sido tan alto el éxito de esta iniciativa, que sus charlas también están llegando al sector privado; en 2026, desarrolló un trabajo con una empresa de diseño y de publicidad. “Profesionalmente, ha sido un desafío en el sentido de que se trata de encontrar las palabras específicas y precisas para poder dar a conocer qué son las comunidades étnicas, no solamente mi pueblo. Es hacer visible lo invisible”, precisó.
Esta actividad, adicionalmente, le ha permitido ganarse un nombre y una representación dentro del grupo de mujeres raizales que lideran diferentes procesos comunitarios, tanto en ORFA como en su espacio de atención diferenciada, la Casa Raizal ‘Piis a Huom’, un pedacito de su hogar raizal en Teusaquillo, cuya labor apoya desde su llegada a la Dirección de Asuntos Étnicos de la Secretaría de Gobierno en 2021.
De esta manera, Lina dejaba en el pasado una importante experiencia de 12 años relacionada con gestión del riesgo, así como en los sectores social y salud.
“Llegué a la entidad con el respaldo de ORFA. Se requería un perfil social como el mío para atender estos espacios, que fuera de origen raizal y que tuviera conocimiento de todos los procesos comunitarios”. Y esto le ha representado un paso significativo porque le permitió reencontrarse con su historia y raíces, pero también con la realidad de que las comunidades étnicas no cuentan con la suficiente visibilidad.
Una familia que trabaja unida
Los logros obtenidos en su trabajo por los pueblos étnicos han inspirado a su esposo y sus hijas: ellas también nacieron en Bogotá, pero cuentan con el mismo sentido de pertenencia por el Archipiélago que profesa su mamá.
“Soy casada, tengo dos hermosas hijas nacidas en Bogotá. Una es internacionalista y la otra está estudiando mercadeo y negocios internacionales. Y muy metidos todos en los procesos comunitarios que visibilizan la cultura raizal”, describe Bejarano Newball.
El liderazgo, faceta innata de la mujer raizal
Lina y sus hijas hacen parte de las cerca de mil mujeres raizales que viven en 19 de las 20 localidades de la capital, en donde se les reconoce por liderar el trabajo comunitario por el bienestar de su pueblo y por la preservación de su riqueza cultural.
“El preservar y perpetuar la cultura raizal está en manos de las mujeres. Es un camino que han venido haciendo históricamente y que ahora es un poco más visible”, aseveró esta referente.
Aprender para transformar
Para Lina, el compromiso con su comunidad exige una búsqueda constante de aprendizaje. Su pasión por combatir la discriminación la impulsa a seguir documentándose para perfeccionar las estrategias de sensibilización que lidera e invitar a una reflexión profunda que ponga a pensar a la gente sobre sus actitudes cotidianas.
Y aunque reconoce que Bogotá es una metrópoli de puertas abiertas que brinda oportunidades de integración, sostiene que la labor está lejos de concluir. Continuar derribando los prejuicios invisibles y construir espacios de respeto mutuo sigue siendo la causa que mueve su vida y la de las mujeres raizales que, con liderazgo y convicción, preservan su legado cultural en la ciudad.