Escuelas Convivir para Transformar. Foto: Laura Montoya
A través de la estrategia ‘Escuelas Convivir para Transformar’, la Secretaría Distrital de Gobierno y la Dirección para la Gestión Policiva llevan a las aulas herramientas para fortalecer el respeto, la empatía, la autorregulación y la resolución pacífica de conflictos. La iniciativa hace parte de la Meta 6 del Plan Distrital de Desarrollo y busca que estos aprendizajes trasciendan las paredes del colegio y lleguen a las familias y a distintos espacios de la ciudad.
¿Qué pasa cuando la convivencia deja de ser solo un tema del que se habla y se convierte en algo que se aprende, se practica y se construye colectivamente? Esa es una de las preguntas que Bogotá está llevando a las aulas a través de ‘Escuelas Convivir para Transformar’, una estrategia que pone a los estudiantes en el centro de los procesos de prevención y transformación de comportamientos contrarios a la convivencia.
La iniciativa es desarrollada por la Secretaría Distrital de Gobierno, a través de la Dirección para la Gestión Policiva (DGP), en el marco de la Meta 6 del Plan Distrital de Desarrollo, que contempla acciones para avanzar en la prevención y transformación de comportamientos que afectan la convivencia en Bogotá.
La apuesta parte de una premisa: la transformación de la convivencia también comienza en los espacios donde las personas aprenden a relacionarse. Por eso, las instituciones educativas fueron identificadas como escenarios estratégicos para trabajar desde edades tempranas habilidades que permitan prevenir conflictos y fortalecer relaciones basadas en el respeto, la empatía y la corresponsabilidad.
Una estrategia que empieza en el colegio, pero busca llegar a la ciudad
‘Escuelas Convivir para Transformar’ hace parte del programa Transformaciones para la Bogotaneidad, una propuesta de la Dirección para la Gestión Policiva que busca pasar de una aproximación centrada exclusivamente en la respuesta frente a los comportamientos contrarios a la convivencia a una mirada que también permita comprenderlos, prevenirlos y generar transformaciones sostenibles.
Para lograrlo, el trabajo con los estudiantes no se limita a transmitir normas. La estrategia contempla herramientas relacionadas con la resolución pacífica de conflictos, la comunicación asertiva, la autorregulación, la escucha activa, el respeto hacia otras personas y el manejo de las emociones.
La elección de los colegios tampoco es casual. El documento metodológico de la estrategia señala que las instituciones educativas constituyen espacios fundamentales de socialización y permiten fortalecer desde edades tempranas valores y capacidades que posteriormente pueden reflejarse en la manera en que las personas jóvenes se relacionan con su entorno.
De esta manera, el aula se convierte en un escenario para experimentar nuevas formas de relacionarse, reconocer los conflictos antes de que escalen y construir colectivamente alternativas para resolverlos.

¿Por qué trabajar la convivencia desde las nuevas generaciones?
Una de las principales apuestas de la estrategia es que los aprendizajes no se queden en el colegio.
El modelo plantea que niños, niñas y adolescentes pueden convertirse en multiplicadores de nuevas prácticas en sus hogares y comunidades. Un aprendizaje relacionado con respetar los turnos, manejar el ruido, escuchar o resolver una diferencia mediante el diálogo puede trasladarse posteriormente a espacios como la casa, el transporte público, los parques o el barrio.
Por eso, intervenir en el entorno escolar representa una oportunidad para generar transformaciones que van más allá de la comunidad educativa.
El documento incluso plantea que trabajar desde estos espacios permite prevenir la escalabilidad de determinados comportamientos y reducir su reincidencia a futuro, haciendo de la pedagogía una herramienta para construir entornos de convivencia más duraderos.
De la norma a la reflexión sobre nuestras decisiones
Uno de los elementos diferenciales de la propuesta es que busca comprender qué hay detrás de los comportamientos y no solamente señalar qué está permitido o prohibido.
La metodología incorpora herramientas de distintos enfoques de cambio comportamental. Por ejemplo, se trabaja sobre las creencias y pensamientos que pueden influir en una conducta, se promueven ejercicios de autoconciencia y empatía y se analizan las condiciones del entorno que pueden favorecer determinadas decisiones.
Así, frases o ideas cotidianas como “mi ruido no le afecta a nadie” o “es mi espacio”, pueden convertirse en oportunidades para que se cuestionen sus propias percepciones y comprendan cómo sus decisiones tienen consecuencias sobre otras personas.
La intención no es simplemente decirles a las y los jóvenes cómo deben comportarse, sino generar procesos de reflexión, aprendizaje y práctica que les permitan desarrollar herramientas para tomar mejores decisiones frente a situaciones de conflicto.
Una apuesta del Distrito por la prevención

El trabajo que se desarrolla en el colegio forma parte de una estrategia institucional más amplia. La Dirección para la Gestión Policiva realizó un análisis de los comportamientos contrarios a la convivencia registrados en Bogotá para identificar aquellos que presentan mayor recurrencia, sus tendencias y su distribución territorial. El ejercicio también permite detectar comportamientos que, aunque tengan una menor incidencia, muestran tendencias que pueden convertirse en alertas tempranas para la intervención.
A partir de este conocimiento se construyó la metodología ‘Transformaciones para la Bogotaneidad’, que propone intervenciones situadas y participativas para prevenir y transformar comportamientos y fortalecer la convivencia y el bienestar colectivo.
En ese camino, ‘Escuelas Convivir para Transformar’ representa el primer piloto de esta apuesta, con las instituciones educativas como escenarios de prevención y formación ciudadana.
Y allí la comunicación también cumple un papel fundamental. La estrategia contempla la creación de contenidos y el uso de canales digitales para reforzar los mensajes trabajados en los espacios pedagógicos, generar identificación entre estudiantes y favorecer que las prácticas positivas puedan replicarse entre pares.
Transformar la convivencia es también construir ciudad
La experiencia que se desarrolla con estudiantes permite mostrar una dimensión de la gestión pública que muchas veces ocurre lejos de los titulares: la prevención antes de que aparezca el conflicto.
Desde la Secretaría Distrital de Gobierno, la Meta 6 plantea precisamente la necesidad de avanzar hacia una convivencia que no dependa únicamente de la reacción institucional, sino que también se construya mediante procesos pedagógicos, participación y transformación de comportamientos.
Por eso, lo que sucede dentro de un colegio puede tener una lectura mucho más amplia. Cada estudiante que aprende a escuchar antes de responder, a reconocer al otro, a manejar una diferencia mediante el diálogo o a asumir responsabilidad sobre sus decisiones está adquiriendo herramientas que pueden acompañarle en otros escenarios de su vida.
La apuesta de Bogotá es que esas pequeñas transformaciones puedan multiplicarse: del aula a la familia, de la familia al barrio y del barrio a la ciudad.
Porque transformar la convivencia empieza cuando aprendemos que vivir en Bogotá también significa respetar a las demás personas, cuidar lo que compartimos y entender que nuestras decisiones hacen parte de la ciudad que construimos entre todas y todos.