Donación Palacio de los Deportes. Foto: Camilo Triana
Un camión salió del barrio San Francisco, en Ciudad Bolívar, rumbo al Palacio de los Deportes. A bordo llevaba alimentos, agua, elementos de aseo, pañales para niñas, niños y adultos, comida para mascotas y otros productos recolectados por la comunidad educativa del Gimnasio Moderno Santa Margarita.
Familias de estudiantes, docentes y más personas del colegio se sumaron a la jornada de recolección. Marta Isabel Peña, Adriana Lancheros y Ana Lucía Mesa, profesoras de la institución, fueron las encargadas de trasladar las donaciones hasta uno de los puntos de acopio habilitados por el Distrito. El recorrido tomó cerca de dos horas debido al tráfico.
“Pensamos que íbamos a poder traer en carritos o en automóvil, como siempre en la fundación, pero nos tocó con camión porque fue bastante lo que recogimos”.
Lo que comenzó en un colegio de Ciudad Bolívar terminó conectándose con una cadena mucho más grande. Al llegar al Palacio de los Deportes, las profesoras encontraron a los equipos distritales que recibían, organizaban y cargaban las donaciones para continuar su camino hacia las comunidades afectadas.
Para entonces, el punto de acopio ya estaba concentrado en la operación logística de los tractocamiones. Las docentes explicaron que llevaban un cargamento recolectado por la comunidad educativa y, tras la coordinación con la Secretaría Distrital de Gobierno, fue posible recibir los productos.
Así se encontraron dos momentos de una misma historia: quienes habían reunido y transportado la ayuda y quienes, desde el Distrito, se encargaban de recibirla y hacer posible que llegara al destino indicado.
Cuando ayudar también es estar ahí
Entre las personas que acompañaban esta operación estaba Nuri, una voluntaria que había decidido aportar su tiempo a la jornada de recolección y organización.
Su presencia en el punto de acopio le permitió conocer de cerca el esfuerzo de personas como las profesoras del Gimnasio Moderno Santa Margarita.
“He recuperado la fe en la humanidad. Estoy supremamente orgullosa de mi país”, cuenta.
Nuri decidió ser voluntaria porque siempre le ha gustado ayudar. Pero encontrarse con quienes llegaban con sus donaciones reforzó una convicción: cada aporte, sin importar su tamaño, hacía parte de una respuesta colectiva.
Entre lágrimas, lo expresó así:
“El país nos necesita, tenemos que estar ahí, saber que podemos salir de esta. Entre todos, entre cada cosa que podamos hacer, lo que sea, no importa, salimos adelante”.

Dos eslabones de una misma cadena
Las profesoras llegaron con productos reunidos durante días de trabajo y solidaridad. Nuri y los equipos distritales estaban del otro lado, listos para recibirlos.
Ese encuentro permitió ver algo que no siempre se alcanza a dimensionar cuando se habla de toneladas de ayuda: detrás de cada entrega hay personas que la recolectan, la transportan, la reciben, la organizan y ponen su tiempo al servicio de quienes la necesitan, sin esperar nada a cambio.
Para las docentes, además, la donación tenía un propósito, también era una manera de enseñar con el ejemplo.
“Qué más enseñanza que dejarle a niñas y niños, a los padres de familia, que colaborar con los que hoy lo necesitan”, explica Marta Isabel.
Adriana lo resume así: “Somos un mismo país, unidos en amor y en colaboración. Hoy por ti, mañana por mí”.
Desde el otro lado de la cadena, Nuri encontró una imagen que la conmovió especialmente: “He visto mucha gente que lo perdió todo, ayudando a quienes perdieron mucho más”.
Una ciudad que decidió ayudar
El alcalde mayor Carlos Fernando Galán acompañó y coordinó esta respuesta de la ciudad. En cuatro puntos de acopio: El Campín, el Palacio de los Deportes, la calle 23 y la Universidad Jorge Tadeo Lozano, se recibieron aproximadamente 3.200 toneladas de donaciones destinadas a las comunidades afectadas de Chocó, Caldas, Risaralda y Valle del Cauca.
Detrás de esa cifra están historias como la de las profesoras de Ciudad Bolívar, que movilizaron a una comunidad educativa, y la de Nuri, que puso su tiempo a disposición de una operación que necesitaba manos para recibir y organizar cada aporte.
La primera etapa de esta respuesta dio paso a una nueva fase: acompañar la reconstrucción. Para ello, continuará el apoyo a través de la cuenta única de la Cruz Roja, que permitirá canalizar los aportes destinados a este propósito.
Porque una donación no termina cuando llega a un punto de acopio. Allí cambia de manos y continúa su camino. Unas personas la reúnen, otras la transportan, otras la reciben y muchas más hacen posible que llegue a quienes hoy la necesitan.
Y en ese recorrido, Bogotá demostró que ayudar también es encontrarse, sumar esfuerzos y entender que cada aporte cuenta.