XX Festival Metal de las Montañas
¡20 años de metal y resistencia! El festival que nació entre montañas hoy es símbolo cultural de Ciudad Bolívar y orgullo del sur de Bogotá.
El Festival Metal de las Montañas celebró su edición número veinte, confirmando que el metal también puede convertirse en memoria, encuentro y transformación social. Durante dos días, las montañas del sur de Bogotá volvieron a vibrar con guitarras distorsionadas, baterías aceleradas y cientos de jóvenes que disfrutaron alrededor de algo más que la música.
En Ciudad Bolívar, donde durante años la cultura ha tenido que abrirse camino desde la autogestión y el trabajo comunitario, la Casa de la Cultura volvió a ser punto de encuentro para fans de la escena rockera, familias y nuevas generaciones que encontraron en este escenario un espacio propio dentro del territorio y una expresión auténtica de la bogotaneidad construida desde los barrios.
Lo que comenzó en 2002 como una iniciativa levantada sin grandes recursos, muchas veces sin tarima fija, con equipos prestados y gracias al trabajo voluntario de gestoras y gestores culturales, terminó consolidándose como uno de los procesos culturales independientes más persistentes del sur de la ciudad y de Bogotá.
Detrás del festival está Juan Carlos Prieto, gestor cultural y habitante de Ciudad Bolívar, quien, junto a personas dedicadas a la música y colectivos locales, defendió durante más de dos décadas la idea de que el metal también podía convertirse en una alternativa cultural y social para la gente joven del territorio. En una localidad con una de las mayores poblaciones juveniles de la capital, el festival demuestra que el arte puede transformarse en oportunidad, identidad y encuentro.
Durante cerca de diez años el festival contó con apoyo de la alcaldía local, fortaleciendo su crecimiento y producción. Sin embargo, en 2024 y 2025 el proceso continuó gracias a la autogestión, sostenido por una escena organizada y un público fiel que mantuvo viva la tarima.
Para esta vigésima edición, el festival volvió a contar con respaldo institucional a través del programa Más Cultura Local de la Alcaldía Mayor de Bogotá, que, a través de la Alcaldía Local de Ciudad Bolívar, destinó cerca de 50 millones de pesos para su realización, un respaldo que permitió fortalecer la producción del evento sin perder su esencia comunitaria.

Este programa fortalece las prácticas artísticas, culturales y patrimoniales del territorio, promoviendo la participación ciudadana, la apropiación social y el desarrollo cultural desde los barrios, en equipo con agentes culturales locales e instituciones distritales. En Bogotá, esta apuesta ha permitido fortalecer más de 1.650 iniciativas y proyectos ciudadanos, impulsando la sostenibilidad de procesos culturales comunitarios en sus territorios.
Porque el Metal de las Montañas nunca ha sido solo un concierto.
Desde hace años el proceso incorpora espacios de formación en derechos humanos y reflexión social para las bandas participantes. Madres de jóvenes víctimas de ejecuciones extrajudiciales han dialogado directamente con las personas involucradas en este evento, convirtiendo las expresiones musicales en un escenario de memoria y conversación colectiva.
En esta edición participaron 15 bandas bogotanas que representaron distintas miradas del metal contemporáneo: Premórvida, Cuartoscuro Rock, Angershield, Stomp Roller, Ethereal Chaos, Brinicle, Premature Amputation, Maniac Thrash Metal, Round Up Ultra, Divisor, Machina Dei, Ashes of Goth, La Maldita Muerte y Addicted to Chaos, agrupaciones que llevaron a la tarima propuestas cargadas de potencia sonora y reflexiones sobre la realidad social, ambiental y humana del país.
Con el paso de los años, el festival se ha convertido en un espacio
donde también llegan vecinas, vecinos, familias y colectivos culturales. Subir hasta la Casa de la Cultura durante cada edición terminó siendo parte del ritual: encontrarse, escuchar música y reconocer que en las montañas también se construye ciudad.
A lo largo de sus veinte años, más de 500 agrupaciones han pasado por este escenario, convocando a decenas de miles de asistentes y ayudando a transformar la percepción de Ciudad Bolívar, mostrando un territorio creativo, diverso y profundamente cultural.
El Metal de las Montañas también se convirtió en un archivo vivo del territorio: la memoria de las primeras bandas que encontraron allí su escenario, de jóvenes que cambiaron la esquina por la música y de una comunidad que decidió construir cultura desde la periferia. Durante esta versión, asistentes también recorrieron la Galería de la Memoria, un espacio fotográfico que reconstruyó la historia del movimiento rockero de la localidad y del propio festival.
El respaldo institucional a procesos como este no solo permite que eventos emblemáticos continúen creciendo; también reconoce años de liderazgo cultural, trabajo comunitario y resistencia creativa construida desde los barrios. Apostarle a estos escenarios significa fortalecer historias que nacieron desde la autogestión y que hoy hacen parte del patrimonio cultural vivo de la ciudad y de su identidad cultural.
Veinte años después, el Metal de las Montañas sigue siendo mucho más que distorsión y pogos.
Es la prueba de que, incluso entre montañas, la cultura también resiste.