Foto: Camilo Triana
Esta mujer, que ha hacho parte de las actividades de fortalecimiento organizativo Gitano en el Distrito, reconoce la acogida que le ha brindado la capital a su pueblo.
Bogotá, marzo 5 de 2026. Hace unas décadas, los primeros grupos de gitanos que arribaron a Bogotá se ubicaron en la zona de la Estación de la Sabana, en el centro de la ciudad. No lo hicieron en una vivienda, sino en tiendas organizadas en campamentos. Allí preparaban sus alimentos al calor de una fogata. Un día, vecinas y vecinos quisieron brindarles ayuda y les obsequiaron un bulto de yuca. Uno de los integrantes de la comitiva puso esta yuca en la fogata. “Qué palos tan malos, no prenden”, afirmó, creyendo que eran leña.
Ese hombre era el abuelo de Sandra Ruby Demetrio Cristo, una lideresa del pueblo gitano.
Ella, aunque vive en Brasil, sigue siendo una referente para esta etnia. Representa un modelo a seguir por factores como la pureza de su tradición y su conocimiento de las costumbres gitanas, como indicó Yesenia Cristo Vera, también referente de este pueblo en Bogotá.
“Conoce todas las tradiciones, es decir, el sakono, y habla perfecto la lengua romaní; además, conoce el trabajo con las organizaciones de Bogotá: ella fue una de las fundadoras de Prorrom y, posteriormente, de Unión Romaní, las organizaciones gitanas en la capital. Su residencia está en Brasil, pero sigue siendo una referencia acá”, manifestó Yesenia.
La herencia de sus antepasados
Sandra Ruby nació en Bogotá, pero conserva su herencia ancestral proveniente de Rusia y de Grecia. Sus antepasados, como muchas personas gitanas que llegaron al país, se vieron en la necesidad de huir de los estragos de la Segunda Guerra Mundial y llegaron a Colombia casi por casualidad.
“Vivían en Rusia. Mi abuelo, aunque nació en Corfú, Grecia, terminó de criarse en Moscú. Ahí conoció a mi abuela; ellos conformaron una familia grande, como de 70 personas, y salieron de allá porque la guerra afectó toda Europa”, relató Sandra.
“Mi abuelo, junto con su hermano mayor, que era muy estratega, eran artesanos que trabajaban los metales. Ellos creaban artículos en cobre, aluminio, estaño y bronce, y para soldar utilizaban unas pepitas en metal que parecían de oro”, complementó.
Su abuelo no conocía la yuca, pero sí todo lo relacionado con la metalurgia, y esta habilidad terminó representando su libertad para escapar del régimen nazi. Con las supuestas pepitas de oro sobornaron a un grupo de médicos del régimen que los mantenía presos y lograron huir en el primer barco que encontraron, con rumbo desconocido.
“¿A dónde los llevó ese barco? A las Islas Caimán. Allí salieron y aprendieron un poco de inglés. Y para ganar dinero, las mujeres leían las líneas de la mano; es decir, se dedicaron a la quiromancia, que es un saber ancestral nuestro”, afirmó la lideresa gitana, quien aclaró que, en su caso, no cuenta con el don para ejercer esta labor.
Su arribo a Colombia
Tiempo después llegaron a Colombia ingresando por el puerto de Barranquilla y, desde allí, se esparcieron por el territorio colombiano, donde la familia siguió creciendo.
“Mi mamá nació en Palmira, Valle, y mi papá se crió en Barranquilla; otros tíos míos crecieron en Calarcá, Popayán y Medellín. Andaban por toda Colombia y tenían esa libertad porque no había esa discriminación con los gitanos”, describió Sandra.
Esto les permitió llevar una vida tranquila y feliz, con pocos problemas de salud gracias a una alimentación adecuada. “Mire, no se enfermaban ni de la presión arterial, porque todo era más sano”, afirmó.
Su vida en Brasil
En la actualidad trabaja como cuidadora en Brasil, país donde vive con su esposo. A Colombia retorna con frecuencia para visitar a sus padres, más aún en su condición de hija única, algo que considera poco común porque, como ella misma dice, en “los matrimonios gitanos tenemos miles de hijos y pues me tocó ser así, la única”.
En el vecino país vive en una población ubicada a 45 minutos de São Paulo. “Vivo en Playa Grande, que también pertenece al estado de São Paulo y representa una de las mayores concentraciones de gitanos en esta región”, comentó Sandra, quien sigue siendo un ejemplo para nuevos liderazgos étnicos, especialmente para otras mujeres.
“Las mujeres gitanas somos las que más trabajamos en las organizaciones; los hombres no se quieren involucrar mucho por el miedo a que sus trabajos se vean afectados o porque no les gusta salir en público”, aseguró Sandra, quien además de ser una lideresa muy capacitada es reconocida por su vena artística, que manifiesta a través de la interpretación de la guitarra.
“Colombia nos hizo parte de su cultura”
Sandra Ruby es una mujer agradecida con el presente de su pueblo en Bogotá y en el resto del país, gracias a que este territorio acogió su cultura.
“Colombia nos hizo parte de su cultura, aunque no somos originarios de aquí. Ningún país del mundo ha hecho lo que Colombia hizo con nosotros, y en esto tiene que ver también la gestión que hemos hecho por nuestros derechos y nuestra visibilidad. Este país nos ha ayudado a mostrarnos más como somos y a entender mejor nuestra cultura”, puntualizó.
Estas historias consolidan a Bogotá como una ciudad que reconoce y valora los aportes de los pueblos étnicos en todos los niveles. Desde la Administración Distrital reafirmamos nuestro compromiso con el diálogo y el acompañamiento permanente a quienes integran estas comunidades, con la garantía de sus derechos ancestrales, la preservación de sus culturas y tradiciones y la generación de espacios de participación.
Porque detrás de cada historia como la de Sandra Ruby también se refleja el valor de una ciudad que aprende de la diversidad y entiende que su riqueza cultural se construye con las raíces y tradiciones de todos los pueblos que la habitan.