Foto: Miguel Ariza
Un gigante llamado Reprobus, que más adelante se convirtió en santo y fue conocido como San Cristóbal, patrono de los viajeros, le da nombre a la localidad número 4 de Bogotá.
Un gigante llamado Reprobus, que más adelante se convirtió en santo y fue conocido como San Cristóbal, patrono de los viajeros, le da nombre a la localidad número 4 de Bogotá.
Se cuenta que la localidad de San Cristóbal recibió este nombre debido a que el propietario de uno de los predios en el boquerón del río Fucha pintó el retrato de este santo para que protegiera el camino de los viajeros, quienes se encomendaban a él.
De camino indígena a territorio urbano
Ubicada al suroriente de la capital colombiana, esta localidad ha vivido una profunda transformación a lo largo de los siglos. En sus orígenes rurales fue paso obligado de las comunidades indígenas, que transitaban el antiguo camino real hacia los pueblos de Choachí, Ubaque y Fómeque.
Durante las primeras décadas del siglo XX, San Cristóbal se consolidó y experimentó un gran crecimiento urbano, especialmente a partir de la aparición de barrios como San Francisco Javier —hoy llamado Villa Javier— en 1915.
Este barrio fue fundado por un cura español y es considerada la primera urbanización planificada de Bogotá. El padre José María Campoamor ideó el proyecto con el fin de que los obreros y los sectores menos favorecidos tuvieran algo propio. Para ello creó el Círculo de Obreros de San Francisco Javier, una Caja de Ahorros que más adelante daría origen al Banco Caja Social.
Con los ahorros de la comunidad, el sacerdote compró un lote donde se construyó lo que sería reconocido como la Ciudad de Dios o barrio San Francisco Javier. Su objetivo era crear una comunidad alrededor de los valores cristianos. Este fue el primer conjunto residencial de Bogotá, cercado inicialmente por barandales, y dotado de restaurante comunitario, guardería, piscina, taller de artes y oficios, parques, escuela primaria y, por supuesto, iglesia.
San Cristóbal: entre lo urbano y lo natural
Hoy, San Cristóbal cuenta con 274 barrios, pero esto representa solo el 33% del total de su territorio. El otro 67% corresponde a área rural, rica en biodiversidad, fuentes hídricas y ecosistemas estratégicos.
Uno de los mejores ejemplos es el Parque Entrenubes, ubicado entre las localidades de San Cristóbal, Rafael Uribe Uribe y Usme. Este parque distrital de montaña está conformado por los cerros de Juan Rey, Guacamayas y Cuchilla del Gavilán. Es un ecosistema clave para la preservación y restauración de la flora y fauna nativas, así como para procesos de educación ambiental.
El 20 de Julio: fe, historia y cultura popular
Otro de los lugares emblemáticos de la localidad es la Iglesia del 20 de Julio, ubicada en el barrio del mismo nombre, fundado en 1920 por un inmigrante ruso. El nombre se inspiró en la conmemoración del centenario del grito de independencia de Colombia.
La iglesia del 20 de Julio es hoy uno de los puntos religiosos más visitados de Bogotá, con un promedio de 7.000 visitantes cada domingo. Su historia también es singular: en 1927, el culto al Niño Jesús de Praga era tan popular que generó tensiones entre las congregaciones carmelitas y salesianas, pues los carmelitas reclamaban exclusividad sobre la imagen original.
En respuesta, el padre Juan del Rizzo encargó a un artesano la creación de una nueva imagen del Niño Jesús, con rasgos más cercanos a la realidad local, sin ornamentos lujosos. Así nació el símbolo religioso y cultural que hoy conocen miles de fieles: el Niño del 20 de Julio.
San Cristóbal y el derecho a creer
Esta libertad para profesar la fe es una de las grandes líneas de trabajo de la Secretaría Distrital de Gobierno, que promueve el derecho a la libertad religiosa y de conciencia desde un enfoque de respeto, diversidad y no discriminación.
Porque Bogotaneidad también es libertad para creer.