Una ciudad ordenada es más segura - Fotografía: Camilo Triana.
Desde la Secretaría de Gobierno se impulsa un nuevo decreto de espacio público. Un instrumento legal que no busca excluir, sino equilibrar.
Hay lugares en Bogotá donde la ciudad no se cuenta: se siente.
San Victorino es uno de ellos.
Entre voces que venden, pasos que esquivan y miradas que buscan abrirse camino, el Secretario de Gobierno, Gustavo Quintero, caminó este territorio como se deben caminar las ciudades: escuchando. No desde la distancia del escritorio, sino desde la cercanía del asfalto que todos pisan, pero pocos entienden.
Porque si algo repiten las y los bogotanos —una y otra vez, sin filtro— es que el espacio público duele. Duele verlo ocupado sin orden, duele no poder transitar, duele sentir que la ciudad se volvió un lugar donde moverse es una batalla diaria.
Y ahí, justo ahí, comienza esta historia.
La promesa de ordenar lo que parecía perdido
El espacio público en Bogotá está desorganizado. No hay reglas claras que se sientan, ni instrumentos que permitan que —sin excepción— las personas puedan convivir en él.
Por eso, desde la Secretaría de Gobierno se impulsa un nuevo decreto de espacio público. Un instrumento legal que no busca excluir, sino equilibrar.
Porque ordenar la ciudad no es quitarle el lugar a alguien. Es garantizar que ese lugar exista para el disfrute de la gente.
Escuchar antes de decidir
Este no es un decreto que nace entre cuatro paredes.
Antes de llegar a este borrador —publicado para comentarios ciudadanos el pasado 13 de marzo— hubo conversaciones, acuerdos y desacuerdos. Participaron quienes integran los Consejos Locales de Venta Informal, el Consejo Distrital de Venta Informal y distintos gremios.
Es decir: se construyó con quienes viven esta realidad todos los días.
Porque no se puede hablar de espacio público sin hablar de quienes dependen de él para vivir.
Zonas, límites y sentido común
No todo espacio puede ser usado de la misma manera.
Hay zonas que, por su naturaleza, no pueden ser ocupadas por venta informal: el Palacio de Justicia, bases militares, entre otros puntos críticos donde la seguridad no es negociable.
Pero además, este orden no solo responde a dónde se puede o no estar, sino también a cómo se habita ese espacio. El decreto contempla otros factores fundamentales: la prohibición de la venta de armas, la erradicación del trabajo infantil y el control de actividades que pongan en riesgo la integridad de las personas.
Porque el espacio público no solo es un lugar de trabajo: es un escenario de convivencia.
También hay lugares donde sí es posible organizar la actividad económica, siempre que se respeten condiciones básicas como la accesibilidad, la movilidad y la seguridad para todas y todos.
Ordenar no es prohibir.
Ordenar es entender el contexto… y proteger la vida que lo atraviesa.
El Gran San: donde la conversación se vuelve concreta
La jornada, que empezó en el centro comercial El Gran San, uno de los epicentros comerciales más representativos del sector, donde se abrió un espacio para diálogo entre la comunidad y las entidades de la Alcaldía Mayor de Bogotá.
Se habló de lo que funciona, de lo que no, de los miedos y de las oportunidades. De cómo construir una ciudad donde formalidad e informalidad aporten a la organización del espacio público.
Porque si algo dejó claro este recorrido es que Bogotá no necesita decisiones unilaterales, necesita acuerdos sostenibles.
Una ciudad que se ordena es una ciudad que se cuida
Ordenar el espacio público es una necesidad colectiva.
Una ciudad ordenada es más segura.
Es más incluyente.
Es más habitable.
Es una ciudad donde caminar no se sienta como un privilegio, sino como un derecho.
A veces, las revoluciones no empiezan con grandes anuncios…
Empiezan con una conversación en medio del ruido.