Bogotá, 9 de octubre de 2024. En el noroccidente de la ciudad, en Suba, rodeado de edificios y tráfico, se encuentra el bosque urbano Santa Helena, un oasis de casi doce hectáreas que, como dice Cáceres, es un “lugar inspirador”. Durante años, este bosque fue defendido por vecinos que se opusieron a la construcción de una avenida, y hoy es un espacio vivo que ofrece un respiro a la ciudad y sus habitantes.
“El bosque es un punto de encuentro donde las personas practican yoga, realizan el canto al agua, observan aves y cultivan huertas con sabiduría ancestral en espirales”, narra el diácono. Además, destaca la reforestación con selva nativa y cómo el espacio acoge caminatas de personas mayores, juegos de niños y actividades deportivas, todo mientras se respira aire puro. Para él, este lugar es un símbolo de la creación divina y un reflejo de la presencia de Dios en la naturaleza.
Alirio Cáceres no solo es un apasionado del medio ambiente, sino que también es ingeniero químico, educador, teólogo y diácono permanente de la Arquidiócesis de Bogotá. Casado desde hace 29 años y padre de tres hijos, Cáceres ha dedicado gran parte de su vida a unir la teología con la ecología, creando lo que él llama “ecoteología”, una corriente que busca vincular la espiritualidad y la ciencia para vivir de manera armoniosa con la naturaleza, entendida como el hogar común de todas las especies.
Hace 16 años, fundó la Meseti, un espacio de diálogo interreligioso en Bogotá que toma su nombre de la meseta donde está asentada la ciudad. La visión de Cáceres es clara: “Cada templo debe ser un aula ambiental y el ambiente, un escenario sagrado”. Esta iniciativa ha fortalecido el diálogo no solo entre diversas religiones, sino también con pueblos étnicos, fomentando una relación respetuosa con la naturaleza.
“La Meseti ha impulsado espacios de diálogo entre sacerdotes católicos, pastores, imanes, rabinos, budistas, comunidades afrodescendientes y muchos otros”, explica Cáceres. En estos encuentros, se busca reflexionar sobre cómo las distintas creencias pueden contribuir al cuidado del medio ambiente, inspirando acciones concretas como la creación de ecobarrios y ecoparroquias.
El impacto de la Meseti ha trascendido fronteras, estableciendo conexiones con organizaciones nacionales e internacionales. Actualmente, forma parte de la Red de Fe por la Justicia Climática y la Plataforma de Ecoespiritualidad, con el objetivo de “movilizar la conservación de la biodiversidad y tejer una coalición de paz con la naturaleza”. Además, la participación de Meseti en la COP 16 en Cali es otro paso en su misión de llevar propuestas ambientales desde el sector religioso.
Uno de los hitos recientes de Meseti fue su participación en la declaratoria de emergencia climática de Bogotá durante la pandemia, un documento construido colectivamente que ha sido reconocido internacionalmente. “Este documento contiene diez mandatos que reflejan el diálogo entre la ciencia y quienes vivimos una dimensión ética y espiritual de lo sagrado”, afirma Cáceres.
Actualmente, el diácono lidera el diplomado virtual ‘Artífices de Paz con la Naturaleza’, un evento gratuito que mapeará cientos de iniciativas de “oración en acción” a nivel global.
La inspiración de Cáceres también viene del legado del científico Thomas van der Hammen, quien fue un franciscano seglar y dejó una profunda huella en la comprensión de la geología y los ecosistemas de Bogotá. Cáceres explica: “Van der Hammen nos enseñó cómo Bogotá está conectada por microcuencas y cómo debemos proteger estos territorios como si fueran nuestra casa”.
Con esta convicción, Cáceres invita a la ciudadanía a proteger los bienes comunes: “Amo a Bogotá, es mi ciudad, mi casa. Quiero que todas las personas, sin importar su creencia o espiritualidad, tejan lazos colectivos para proteger nuestra estructura ecológica, ese espacio vital donde todos podemos tratarnos como hermanos y hermanas”.