Oiga Parce, iniciativa cultural de Bosa
“Oiga, parce…” convierte el arte en acción: limpia, activa y reconecta espacios públicos en Bosa, demostrando que el barrio se transforma cuando la comunidad participa
“Oiga, parce…” no es solo una frase. Es la manera en que empieza todo.
Así, con esa cercanía, con ese tono de barrio, comienza una escena que hoy recorre distintos puntos de Bosa: parques, esquinas y espacios donde antes predominaban el abandono o la prisa de quienes solo pasaban.
Pero esta historia no empezó ahí. Nació como una idea de juntar distintas formas de arte para hablarle a la gente desde lo cotidiano. Diego Reinales, quien lidera la línea audiovisual del proyecto, fue quien impulsó ese encuentro entre danza, música y fotografía.
“Cada uno tiene su visión artística, pero lo que hicimos fue unirnos para crear algo más grande. Desde lo que sabe cada uno, construimos una propuesta para que el mensaje realmente le llegue a la gente”, explica.
Así surgió Oiga Parce, no como un solo grupo, sino como una integración de procesos que encontraron en el espacio público su escenario natural.
Un punto de partida
Con la idea clara, el siguiente paso fue convertirla en proyecto. Postularse no fue sencillo. Reunir documentos, estructurar la propuesta, imaginar su ejecución.
“El proceso fue complejo, dan nervios, pero también fue muy valioso, porque te obliga a pensar cómo llevar la idea a la realidad y cómo lograr que conecte con las personas”, recuerda Diego.
La noticia de haber sido seleccionados llegó con emoción, pero también con responsabilidad.
“Fue felicidad… y después pensar: ahora toca ejecutarlo”.
Oiga Parce fue uno de los proyectos ganadores del programa Más Cultura Local, impulsado por la Alcaldía Local de Bosa. En 2025, esta localidad destinó cerca de $2.880 millones para fortalecer el talento artístico, de los cuales más de $1.000 millones correspondieron a 45 estímulos del componente B.
El colectivo recibió cerca de 20 millones de pesos. Un impulso que permitió pasar de la idea a la acción.
El arte que transforma el espacio público
Desde entonces, el proyecto ha recorrido la localidad. No se ha quedado en un solo punto. Ha llegado a distintos barrios y seguirá moviéndose.
Esa apuesta conecta con una de las discusiones más visibles hoy en Bogotá: la recuperación del espacio público. Una prioridad del alcalde mayor, liderada por la Secretaría Distrital de Gobierno y las alcaldías locales, que busca traducirse en acciones concretas.
Y es ahí donde la historia toma forma. En cada intervención, el grupo recoge basura, organiza el espacio, lo prepara. No como un paso previo, sino como parte del mensaje.
“Queríamos que la gente entendiera que estos espacios hay que cuidarlos. Si uno llega, limpia y los usa, también invita a otros a hacer lo mismo”, cuenta Diego.
Luego, empieza todo. Aparece la música, los cuerpos danzando y las fotografías. La gente se detiene a observar, unos miran de lejos, otros se acercan y algunas personas deciden quedarse.
“Usamos el arte para acercar a la comunidad y generar cultura ciudadana. La idea es que el espacio público vuelva a ser un lugar de encuentro”, explica Reinales.
Las fotos expuestas refuerzan ese mensaje. Lugares de Bosa que muchos reconocen y que otras personas nunca habían visto, trabajadores, mujeres emprendedoras. Como una semilla que crece poco a poco, una propuesta sobre el proceso de transformación de la localidad: desde sus raíces, historias que hablan, recordando que el crecimiento se construye desde lo cotidiano y desde quienes habitan en Bosa.
Una forma de habitar el territorio
El proyecto reúne a personas mayores, jóvenes, personas con discapacidad y víctimas del conflicto. Distintas vivencias que coinciden en un mismo lugar y que, a través del arte, encuentran una forma de expresarse y de habitar el espacio.
Iniciativas como esta demuestran que, más allá de la intervención institucional, el cuidado del espacio público también depende de la corresponsabilidad ciudadana: usarlo, apropiarlo y mantenerlo es una tarea compartida que permite construir entornos más dignos, seguros y vivos para el disfrute de la gente. Desde el colectivo se reconocen el papel de lo público para hacer posible estos procesos.
“Estos espacios permiten que las ideas se vuelvan realidad. Hay muchos procesos culturales que necesitan ese apoyo. Sí existen las oportunidades, pero hay que buscarlas”, señalan desde la agrupación.
Y en ese mensaje hay también una invitación: participar, investigar, intentar. Porque, como ellos mismos lo vivieron, el acceso no siempre depende de contactos, sino de atreverse a postularse.
Al final de cada jornada, cuando la música se apaga y la gente se dispersa, el lugar queda distinto: más limpio, más habitado y más vivo. “Oiga, parce…” es una forma de decir que el barrio se construye con la participación de la comunidad.