Historias que conectan Bosa y Suba con Más Cultura Local
En Bogotá, los humedales guardan mucho más que agua. Entre sus senderos, aves y vegetación también habitan historias, memorias y formas de entender el territorio. Algunas de ellas hoy cobran vida gracias al arte, la literatura y la participación comunitaria, impulsadas por Más Cultura Local, una estrategia liderada por la Secretaría Distrital de Gobierno.
Esa es la esencia de Más Cultura Local: impulsar procesos que conecten a las comunidades con sus historias, ecosistemas e identidades, promoviendo una ciudadanía más comprometida con el cuidado de lo público. Esta apuesta de la Administración Distrital, liderada por el alcalde, Carlos Fernando Galán, busca fortalecer las capacidades de artistas y gestores culturales para que encuentren en la cultura herramientas de transformación social. Para lograrlo, el programa se articula con las alcaldías locales, permitiendo que las iniciativas lleguen a los barrios.
Suba: relatos que florecen entre los humedales
En Suba, donde se encuentran cuatro de las 17 Reservas Distritales de Humedal de Bogotá —La Conejera, Córdoba, Tibabuyes (Juan Amarillo) y Torca-Guaymaral—, un grupo de artistas, lideresas y líderes comunitarios y amantes de las plantas decidió mirar con otros ojos aquello que crece silenciosamente entre el agua y la tierra.
Así nació Espejos del Paisaje: relatos de plantas invasoras alojadas en los humedales de Suba, una publicación desarrollada por la agrupación Cratia. Más que un libro, fue un ejercicio colectivo que unió arte, ciencia y participación ciudadana para contar la historia de especies vegetales que transforman los ecosistemas y que, muchas veces, pasan desapercibidas.
"Queríamos demostrar que el arte podía unir la ciencia y abordar temas sensibles como las plantas invasoras. Queríamos que la comunidad pudiera hablar de estas especies y conocerlas, porque representan problemas silenciosos presentes en los humedales", explica María Ángela, integrante de la iniciativa.
A través de ilustraciones, fotografía, arte textil y escritura, el proyecto permitió acercar a la comunidad a temas ambientales complejos desde una mirada sensible y accesible. Según sus creadores, la naturaleza no solo representa una de las mayores riquezas del país, sino que también puede convertirse en una voz propia cuando es interpretada por el arte.
La iniciativa hizo parte de las 51 propuestas beneficiadas por el componente B en Suba, donde la alcaldía local destinó una inversión superior a los 2.400 millones de pesos para fortalecer proyectos culturales y comunitarios.
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Bosa: la memoria escrita con tinta vegetal
La ruta continúa varios kilómetros al sur, en Bosa. Allí, entre los humedales Tibanica, Chiguasuque-La Isla y Tingua Azul, otro grupo creador encontró también en las plantas una forma de narrar la memoria de su territorio.
El Colectivo Editorial Origami desarrolló Autobiografías Botánicas. En sus páginas, artistas, escritores, escritoras e ilustradores utilizan tintas elaboradas a partir de árboles de la localidad. El proceso comenzó con una lectura detallada del territorio; posteriormente, analizaron la transformación urbana que ha reemplazado especies nativas por árboles introducidos con fines ornamentales. A partir de esa observación construyeron relatos que muestran cómo la naturaleza también forma parte de la historia social de las comunidades.
"Las plantas nos permiten hablar de territorio, memoria y sociedad. Cada relación que una persona construye con una planta abre la posibilidad de contar historias familiares, comunitarias e incluso políticas", explican sus integrantes.
La iniciativa fue una de las 40 propuestas apoyadas por la Alcaldía Local de Bosa a través del componente B, para el cual se destinaron más de 1.100 millones de pesos.
Aunque nacieron en localidades diferentes, ambos proyectos comparten una misma raíz: entender que la cultura es una herramienta para construir nuevas formas de relacionarnos con el territorio. Desde los humedales hasta las plantas que habitan calles, parques y barrios, estas iniciativas demuestran que el arte también puede contribuir a comprender los desafíos ambientales de la ciudad.
Proteger los humedales, respetar la flora nativa y reconocer el valor de los ecosistemas urbanos no es solo una tarea de las instituciones. Es una responsabilidad compartida, para conservar la riqueza natural de Bogotá y garantizar que las futuras generaciones también puedan encontrar en la naturaleza una fuente de vida, memoria e inspiración.