Una historia de autonomía impulsada por dos ruedas

Sandra en su Scooter - Silla de Ruedas

Foto: Éver Mercado


Sandra Rojas, servidora pública y persona con discapacidad, tiene en su silla de ruedas la mejor aliada para su vida diaria.
Carlos Mario Ríos

Cada mañana, cuando sale de su casa rumbo al trabajo, Sandra Lucía Rojas no solo enciende su scooter eléctrico: activa el motor de su independencia. Lo que para algunas personas es un objeto cotidiano, para ella es el vehículo que le permite ejercer su profesión, recorrer el centro de Bogotá y seguir construyendo un proyecto de vida con autonomía y determinación. 

Sandra Lucía Rojas Garzón, abogada y especialista en derecho administrativo de la Subdirección de Asuntos de Libertad Religiosa y de Conciencia de la Secretaría Distrital de Gobierno, es ejemplo de cómo una herramienta de movilidad puede convertirse en aliada fundamental para la inclusión. Su silla de ruedas la acompaña tanto en los espacios de la entidad como en andenes y calles del centro de la ciudad, donde vive actualmente. 

Este impacto positivo se conmemora cada 1 de marzo con el Día Internacional de la Silla de Ruedas, una fecha que rinde homenaje a este dispositivo que transforma vidas y que fue impulsada por el británico Steve Wilkinson, en honor al cumpleaños de su madre.

Un vehículo que transporta oportunidades

“Mi silla de ruedas representa autonomía”, afirma Sandra. Más allá del mantenimiento periódico o del cambio de llantas por desgaste, para ella este dispositivo es libertad.

La silla de ruedas, inventada en 1655 por el relojero alemán Stephan Farffler, ha evolucionado hasta modelos eléctricos como el scooter que utiliza Sandra Lucía. “Mi scooter (el tipo de silla de ruedas eléctrica que utiliza) es mi mano derecha; es una ayuda muy grande tener este apoyo tecnológico para movilizarme”, asegura. En su apartamento utiliza también una silla manual, gracias a que aún conserva la capacidad de ayudarse con sus brazos para cambiar de una a otra.

Una vida dedicada a la defensa de derechos

Antes de vincularse a la Secretaría de Gobierno, donde trabaja desde hace aproximadamente trece años, Sandra asesoró jurídicamente a población con discapacidad en organizaciones como Corpolatina y el periódico Proclama, promoviendo inclusión y acceso a derechos.

En la entidad inició en el programa ‘Sur de Convivencia’, enfocado en mejorar las condiciones de vida en barrios del sur de Bogotá con altos niveles de vulnerabilidad. “Este proyecto estaba relacionado con el mejoramiento de las condiciones de vida y de generación de oportunidades para habitantes de cien barrios del sur de Bogotá, que presentaban alto nivel de vulnerabilidad y de pobreza. Este trabajo se realizó con la Dirección de Seguridad, que luego pasó a ser la Secretaría de Seguridad que funciona hoy en día”, señaló Sandra.

Desde entonces, su trayectoria ha estado ligada a la defensa de derechos humanos: participó en rutas de atención a víctimas de trata de personas, discriminación por orientación sexual e identidad de género, presunto abuso de autoridad y en la articulación del plan distrital de prevención en las 20 localidades.

También trabajó en el componente de alertas tempranas, coordinando acciones para prevenir situaciones de riesgo en territorio. Actualmente, desde la Subdirección de Asuntos de Libertad Religiosa y de Conciencia, apoya acciones afirmativas que fortalecen la libertad religiosa, la paz y la convivencia en las comunidades.

“Debemos continuar trabajando por la inclusión”

Sandra convive con una afectación en sus miembros superiores y, en menor medida, en los inferiores, que limita algunos movimientos. “Tengo mi discapacidad desde los tres años y medio, y fui perdiendo fuerza en las piernas progresivamente”, relata. Aun así, ha incorporado herramientas tecnológicas que le permiten desempeñar su labor con eficiencia y compromiso.

Reconoce los avances en inclusión laboral, pero señala que aún existen barreras: “Hay una serie de vacíos sobre los cuales debemos continuar trabajando en todo el tema de inclusión y equiparación de oportunidades en los espacios de las oficinas para personas con discapacidad”.

Cuando se le pregunta qué le diría a su silla de ruedas si pudiera escucharla, responde sin dudar: “Le daría las gracias. Le agradecería por darme autonomía y por poder recorrer todos los espacios día a día. Sin ella, la verdad, sería imposible”.

Una fecha para reflexionar

En el Día Internacional de la Silla de Ruedas, la historia de Sandra nos recuerda que estos dispositivos no son solo herramientas de movilidad: son puentes hacia la autonomía, el trabajo digno y la participación plena en la sociedad. Conmemorar esta fecha es también asumir el compromiso colectivo de seguir eliminando barreras físicas y sociales, para que cada persona, sin importar su condición, pueda avanzar con la misma libertad con la que Sandra recorre cada día la ciudad.

 

WhatsappFacebookTwitterLinkedin
05/03/2026