Foto: Oficina Asesora de Comunicaciones
Desde que tenía siete años y estudiaba en un colegio católico, la hermana María José Acevedo —hoy directora de Asalam de Colombia - Mujeres Musulmanas— escuchó por primera vez sobre el islam. Su profesor de religión promovía el conocimiento de diversas confesiones, y a ella le llamó la atención esta religión por “el trato hacia la mujer y los derechos que trajo el profeta Mohammad, la paz y las bendiciones sean con él”.
Bogotá, abril 9 de 2025. Desde que tenía siete años y estudiaba en un colegio católico, la hermana María José Acevedo —hoy directora de Asalam de Colombia - Mujeres Musulmanas— escuchó por primera vez sobre el islam. Su profesor de religión promovía el conocimiento de diversas confesiones, y a ella le llamó la atención esta religión por “el trato hacia la mujer y los derechos que trajo el profeta Mohammad, la paz y las bendiciones sean con él”. Este descubrimiento marcó su camino, aunque reconoce que su elección puede resultar sorprendente para la sociedad colombiana.
Madre de un niño de casi cinco años y profundamente amorosa en su vida familiar, María José recuerda: “Nací en una familia netamente católica, donde mis abuelos rezaban el rosario todos los días”. No obstante, su interés por el islam fue recibido con la aprobación de sus padres. Su madre, con una intuición casi profética, le dijo: “Termina el colegio y, cuando seas profesional, podrás viajar a Egipto a estudiar tu religión”.
Su principal inquietud al iniciar este camino fue descubrir si existía una comunidad musulmana en Colombia y, más específicamente, en Bogotá, su ciudad natal. Según la hermana Mariam, como es conocida en el ámbito religioso, antes de la pandemia se estimaban cerca de 10 mil musulmanes en el país, y asegura que esa cifra ha aumentado significativamente.
María José explica que en Colombia existen tres principales corrientes del pensamiento islámico: principalmente el sunismo, seguido por la escuela shía y el sufismo. “La escuela sunita, por ejemplo, está presente en sectores como Nicolás de Federmán, con la mezquita Alqurtubi; Chapinero, con la mezquita Estambul; y Barrios Unidos. La mezquita principal, Abou Bakr Al-Siddiq, está ubicada en la calle 80 con carrera 30, y es un lugar de congregación para todos los musulmanes, sin importar su escuela de pensamiento”, puntualiza.
Un viaje transformador al Medio Oriente
Siguiendo el camino que su madre vaticinó, María José tuvo su segundo acercamiento al islam cuando un seminarista católico le regaló un ejemplar del Corán. Luego de enseñar sobre su fe en diferentes espacios y colegios, obtuvo una beca para estudiar en la prestigiosa Universidad de Al-Azhar, en El Cairo, Egipto. “Reconocieron mi trabajo y me concedieron una beca para estudiar religión y el idioma árabe. Luego regresé a Colombia para seguir difundiendo mis creencias”, relata.
Su compromiso con el islam no solo se centra en la enseñanza, sino también en la defensa de los derechos de las mujeres musulmanas en Colombia. “Somos profesionales: abogadas, médicas, odontólogas, profesoras, psicólogas… Sin embargo, muchas veces no hemos podido ejercer en nuestro propio país debido al desconocimiento sobre nuestra religión. Esta situación vulnera nuestros derechos y dificulta nuestra integración en el ámbito laboral”, señala.
La hermana María José y su comunidad han denunciado actos de discriminación ante la Ruta de Atención por la Libertad Religiosa, de Culto y de Conciencia de la Secretaría de Gobierno, a la que se puede acceder escribiendo al correo vulneracioneslr@gobiernobogota.gov.co o llamando a la línea 301 800 7117.
A pesar de estas gestiones, los casos de violencia y maltrato persisten. “Algunas de nuestras hermanas han sufrido agresiones en el transporte público. En ocasiones les han arrancado el hiyab por curiosidad, ya que algunas personas creen erróneamente que somos calvas. Otras han sido agredidas verbalmente o incluso con intención de golpearlas porque piensan que somos extranjeras”, denuncia.
Un puente para el diálogo interreligioso
Uno de sus mayores referentes ha sido el hermano Juventino, un líder musulmán de Bogotá que falleció hace algunos años y a quien considera su “padre espiritual”. Inspirada por su legado, María José ha participado activamente en mesas de diálogo interreligioso tanto a nivel distrital como nacional. “Cuando se iniciaron estos espacios de diálogo, las minorías religiosas eran poco visibilizadas. Generalmente, la atención se centraba en la Iglesia Católica y, posteriormente, en la Iglesia Cristiana Evangélica”, explica.
El aprendizaje interreligioso le ha permitido concluir que el trabajo social es el punto de unión entre todas las confesiones. Por ello, organiza seminarios y encuentros en los que representantes de distintas religiones pueden compartir sus creencias y tradiciones. “Estos espacios fomentan el respeto y el reconocimiento mutuo. Me ha encantado aprender sobre otras religiones, especialmente las orientales, como el budismo tibetano, los Brahma Kumaris y el hinduismo”, afirma.
El compromiso de la hermana María José también se extiende al ámbito educativo. Trabaja activamente en colegios para sensibilizar a los estudiantes sobre la diversidad religiosa y evitar la discriminación. “Realizamos actividades durante todo el año y culminamos con una feria interreligiosa en la que los propios estudiantes presentan sus aprendizajes. Los resultados han sido maravillosos, ya que se llevan un conocimiento más amplio y una perspectiva diferente sobre la diversidad religiosa”, concluye.
Con su labor, María José Acevedo no solo ha fortalecido la presencia del islam en Colombia, sino que también ha construido puentes de respeto y comprensión entre las distintas creencias, demostrando que el diálogo y la educación son herramientas clave para la convivencia armoniosa en una sociedad diversa.