Con solo 16 años, Bryan Andrés Ballesteros Fory, originario de Villa Rica, Cauca, tuvo que huir de su hogar debido a amenazas de grupos armados ilegales. Antes de este suceso, Bryan se dedicaba a defender los derechos humanos de niños y niñas de su pueblo. Además de estudiar, ayudaba a su madre con el sustento familiar, cargando bultos en la plaza de mercado y vendiendo productos como cabezas de pescado, papa, cebolla, pandebonos y cucas.
“Nunca tuve el privilegio de disfrutar mi niñez; tenía que trabajar para ayudar a mi mamá. Soy el mayor de tres hermanos y una hermana por parte de mi mamá, y tengo dos hermanos más por parte de mi papá. En Villa Rica bailaba mucho y tuve la oportunidad de llegar a la Casa del Niño, donde ganaba 300 mil pesos mensuales realizando actividades como las vacaciones recreativas”, contó Bryan.
Su compromiso social lo llevó a ser elegido por sus compañeros y compañeras de su municipio como ‘alcaldesito menor’, y se convirtió en una figura reconocida, siendo invitado por un exalcalde del pueblo a hablar sobre los derechos de la niñez. Así, Bryan pasó de ser un participante más a convertirse en un líder de los derechos en su comunidad.
Además de su labor social, Bryan encontró en el baile su máxima pasión. Comenzó a bailar a los 10 años y quedó cautivado por el arte. Sin embargo, las amenazas lo persiguieron, recibiendo un panfleto que lo acusaba de ser parte de una banda criminal, solo por una presentación artística que realizó con su grupo en Corinto, sin saber que era para una organización armada.
“En el Cauca, muchas personas enfrentan problemas económicos, sin acceso a servicios públicos y sin empleo; por eso, muchos jóvenes caen en la trampa de los grupos armados ilegales, quienes disfrazan sus reclutamientos como ofertas de trabajo”, explicó Bryan, quien se vio obligado a unirse a la Policía para protegerse.
“Presté servicio en Popayán y luego fui trasladado al Espinal y a Girardot, en Tolima. Después de año y medio, dejé la institución y me dirigí a Bogotá, donde llegué en 2021”, relató. En la capital, se instaló en el sector de Patio Bonito, en Kennedy, y se unió a la fundación ‘Caminando y dejando huella’, cerca de la estación Marly de Transmilenio. Allí, fue tutor en danza folclórica.
“En Bogotá, participé en la Marcha del Orgullo LGBTI y conocí las mesas de trabajo y sus reuniones. Después de un tiempo, me convertí en vicepresidente de la mesa local LGBTI de Kennedy. Buscaba visibilizar sus derechos y romper estereotipos; quería transmitir un mensaje positivo a través del baile, que es una herramienta poderosa”, afirmó.
Tras terminar el colegio, Bryan se identificó como gay, pero expresar su orientación en Villa Rica era difícil debido a los estereotipos de la región. “Allí, el modelo es que el hombre negro es fuerte, y tuve que esconderme. En el pueblo había más personas como yo, en el closet y sin llevar una vida auténtica. Las niñas me decían que era gay. Eso me enojaba, pero yo ya lo sentía”, compartió.
Sin embargo, en Bogotá se sintió con más confianza, lo que lo impulsó a crear el grupo de baile ‘Asociación Cultural Pandora’, el primero en Kennedy que representa estereotipos de personas no binarias y es muy neutral.
Además de su labor social y artística, Bryan trabaja con la Secretaría de Seguridad como gestor de convivencia. Se siente respetado y su confianza le ha permitido dictar charlas en colegios para prevenir delitos contra niñas, niños y adolescentes.
Se siente acogido por Bogotá como uno de sus nuevos hijos e hijas y considera la ciudad su hogar. “Afrobogotaneidad es el recibimiento que nos da la ciudad; Bogotá me ha dado muchas oportunidades. Me siento feliz aquí, tengo la visión de crecer y trabajar en temas relacionados con lo étnico”, concluyó.