Marcos Peckel cuenta con dos maestrías en Canadá y con un diplomado en Relaciones Internacionales de la Universidad de Oxford, y hace parte de instancias como el Comité Ejecutivo del Congreso Judío Mundial.
Marcos Peckel, profesor universitario, director ejecutivo de la Confederación de Comunidades Judías de Colombia y figura destacada del ámbito religioso en la capital, su historia es un ejemplo de una comunidad que echó raíces en tierra ajena para convertirla en propia. Hijo de sobrevivientes del horror nazi, es parte de la primera generación de judíos nacidos en Colombia.
Bogotá. Mayo 7 de 2025. Marcos Peckel, profesor universitario, director ejecutivo de la Confederación de Comunidades Judías de Colombia y figura destacada del ámbito religioso en la capital, su historia es un ejemplo de una comunidad que echó raíces en tierra ajena para convertirla en propia. Hijo de sobrevivientes del horror nazi, es parte de la primera generación de judíos nacidos en Colombia. Sus padres, perseguidos por el régimen, llegaron al país buscando refugio. Aquí se conocieron, se casaron en 1955 y comenzaron una nueva vida. Él, nacido de esa esperanza, hoy es uno de los más visibles impulsores del diálogo interreligioso en Bogotá.
“La comunidad judía se estableció en las cuatro principales ciudades del país: Bogotá, Cali, Barranquilla y Medellín, en ese orden, según el número de feligreses. Estamos por cumplir cien años de presencia institucional en Colombia. En la capital somos 4.500 almas”, afirma Peckel, con la serenidad de quien conoce a fondo la historia que narra.
Y en efecto, conoce bien sus raíces. Habla con pasión de un capítulo poco conocido por los bogotanos: la huella arquitectónica del pueblo judío en la ciudad. “Buena parte de la arquitectura de Bogotá fue construida en los años veinte y treinta por judíos que llegaron y desarrollaron la industria de la construcción. Primero se asentaron en el barrio Santa Fe, luego en Teusaquillo, más tarde en La Soledad, y finalmente en los barrios del norte”, cuenta con orgullo.
Con el paso de los años, la comunidad fue consolidando su presencia. Hoy cuenta con sinagogas, colegios, clubes, hogares para ancianos, organizaciones juveniles y una red sólida de asistencia social. “Somos muy activos en todo tipo de ayuda en desastres y situaciones de necesidad”, dice. Esa labor, explica, se sustenta en uno de los principios centrales del judaísmo: tikkun olam, que significa “reparar el mundo”. “Es un precepto del Talmud que nos obliga a actuar hacia fuera de la comunidad, hacia el mundo”.
Ese compromiso se materializa en acciones concretas. “Tenemos el Colegio Menorah, un colegio distrital apoyado por la comunidad judía, y pabellones en varios hospitales del país. Pero la labor más destacada ha sido la de la Fundación Cadena, que durante la pandemia repartió decenas de miles de mercados, apoyó hospitales en Quibdó y llevó ayuda humanitaria a regiones como La Guajira, La Mojana y el Putumayo”.
Pero si algo define el trabajo de Peckel es el encuentro. La apertura al otro. El diálogo. La construcción de puentes donde antes hubo muros. “El diálogo interreligioso hace parte de nuestros principios”, señala. Y no se trata de un simple ideal. Su presencia es activa en espacios como la Mesa de Asuntos Religiosos del Ministerio del Interior y el Comité Distrital de Libertad Religiosa. Esa tarea, incluso, lo ha llevado a caminar rincones de Bogotá que antes le eran ajenos.
“Gracias a esta labor he conocido muchos barrios de la ciudad, incluso barrios de invasión. Visito con frecuencia templos evangélicos e iglesias católicas. Tengo muy buena relación con el clero católico y me encanta visitarlos en sus parroquias”, relata. Habla de Bogotá con afecto. Con pertenencia. “Amo esta ciudad. Considero que no hay mejor lugar para vivir. Nací acá. Mis dos hijos, aunque nacieron fuera, se criaron desde pequeños en esta ciudad”, afirma con convicción.
La formación académica respalda su liderazgo: dos maestrías en Canadá, un diplomado en Relaciones Internacionales en la Universidad de Oxford y un lugar en el Comité Ejecutivo del Congreso Judío Mundial. Pero más allá de los títulos, es el vínculo con su fe y sus costumbres lo que define su identidad.
“Todos los judíos cumplimos con actividades como el Shabat: los viernes en la noche es casi sagrado que las familias se reúnan a cenar. También celebramos festividades como la Pascua, en la que conmemoramos el nacimiento del pueblo judío. Nuestra vida comunitaria va más allá de la observancia religiosa: incluye actividades deportivas para los niños y muchos otros espacios de encuentro”, concluye.
En su voz no hay nostalgia, hay continuidad. No hay lamento, hay testimonio. Marcos Peckel no solo representa una comunidad: la narra, la vive, la expande.