Carlos Ortiz: 50 años haciendo de la Plaza 20 de Julio su casa
Carlos Ortiz: 50 años haciendo de la Plaza 20 de Julio su casa
Bogotá, 24 de febrero de 2025. Para Carlos Ortiz, la Plaza Distrital de Mercado 20 de Julio no es solo un lugar de trabajo. Es su casa, su historia y el sitio donde ha construido su vida. Nació el 25 de junio de 1943 y, en agosto de este año (2025), cumplirá 50 años en el mismo espacio donde sus padres le enseñaron el valor del esfuerzo y la independencia. “El comercio es una familia unida”, dice con orgullo, recordando cómo, desde niño, entendió que su destino no era ser empleado de nadie, sino levantar su propio negocio y caminar con autonomía.
Carlos ha sido testigo y protagonista de la historia de la plaza. Recuerda que, en los años 70, la comunidad de comerciantes decidió comprar el terreno para construir un mercado digno. En 1970 lograron la cesión del lote, y cuatro años después, la plaza se hizo realidad. En 1975 abrió sus puertas al público, y desde entonces, él ha estado ahí, viendo cómo generaciones enteras han convertido este lugar en un punto de encuentro, en una tradición que se hereda de padres a hijos.
Para él, la plaza es mucho más que comercio. Es el alma de un barrio, un espacio donde cada día las manos trabajadoras traen productos frescos, campesinos y llenos de historia. Aquí se consiguen huevos, lácteos, tubérculos nativos y preparaciones tradicionales que conectan a la ciudad con el campo. “Todo lo que llega aquí tiene detrás el esfuerzo de muchas familias”, dice con respeto por quienes cultivan la tierra. Y en cada pasillo de la plaza se siente ese ritmo bogotano, donde la gente compra mientras conversa, regatea con confianza y hasta se arma su buena combinación para el almuerzo.

Carlos también ha aprendido sobre el manejo de alimentos y la importancia de la calidad, porque más que vender, su compromiso es que quienes visitan la plaza se lleven lo mejor. A sus 81 años, su mensaje es claro: las plazas de mercado son para todos y merecen ser valoradas. “Aquí se consigue de todo”, insiste, convencido de que estos espacios son parte de la identidad bogotana.
La Plaza 20 de Julio está cerca del Santuario del Divino Niño, y eso la convierte en un destino especial. “Mucha gente viene a ver al Divino Niño, y de una vez pasa por la plaza”, cuenta con emoción, seguro de que este lugar tiene mucho para ofrecer, no solo a quienes viven en Bogotá, sino a quienes llegan de otras ciudades o países.
Para Carlos, la enseñanza de sus padres sigue vigente: servirle a la gente y recibir con los brazos abiertos a quienes cruzan la puerta del mercado. “Que nos visiten de todos los rincones de Bogotá y del mundo”, dice con entusiasmo, porque en la plaza no solo se compra y se vende; se conversa, se aprende y se comparte. Y como buen comerciante de tradición, nunca deja que alguien se vaya sin su ñapa, ese pequeño extra que en las plazas de mercado siempre se da con el corazón.