Bogotá, un 75 % de ciudad donde late el campo

Fotografía - Miguel Ariza (OAC)

Fotografía - Miguel Ariza (OAC)


En este Día de la Campesina y el Campesino, la Alcaldía Mayor de Bogotá reconoce a quienes han sostenido históricamente la seguridad alimentaria, el cuidado ambiental y la vida comunitaria, incluso en medio de las desigualdades y las violencias que aún golpean a muchas zonas rurales del país.
Justin Cats

Mientras una pequeña parte de Bogotá despierta entre buses, oficinas y semáforos, otra parte más grande amanece mucho antes. Una que huele a tierra húmeda, a papa recién cosechada, a leche caliente y a manos cansadas que nunca aprendieron a rendirse.

Porque sí: Bogotá también es rural.

Y aunque muchos aún no lo sepan, cerca del 75 % del territorio de la capital es campo. Un campo vivo que resiste desde Sumapaz, Usme, Ciudad Bolívar, Chapinero rural, Santa Fe y Suba; un territorio que sigue sembrando alimentos, identidad y memoria para una ciudad que demasiadas veces olvida de dónde viene lo que consume todos los días.

En este Día de la Campesina y el Campesino, la Alcaldía Mayor de Bogotá reconoce a quienes han sostenido históricamente la seguridad alimentaria, el cuidado ambiental y la vida comunitaria, incluso en medio de las desigualdades y las violencias que aún golpean a muchas zonas rurales del país.

Hablar del campesinado no es solamente hablar de producción agrícola. Es hablar de derechos humanos.

Por eso, desde la Dirección de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobierno, el trabajo en los territorios rurales ha tenido un enfoque diferencial, preventivo y comunitario, fortaleciendo procesos de participación, acompañamiento territorial y protección de liderazgos sociales en las 20 localidades de Bogotá, incluidas aquellas con presencia rural, manteniendo rutas activas de prevención y protección para líderes y lideresas sociales, así como mecanismos de coordinación territorial para atender riesgos y vulneraciones de derechos.

Ese trabajo también ha significado caminar las veredas, escuchar a las comunidades y reconocer que el campesinado bogotano no solo cultiva alimentos: cultiva lazos y redes de apoyo.

En Usme, por ejemplo, más de 1.200 personas de las 17 veredas participaron recientemente en la conmemoración del Día del Campesino Usmeño, una iniciativa comunitaria respaldada institucionalmente para fortalecer la identidad campesina y mantener vivas las tradiciones rurales de la capital.

Las cifras muestran que el campo bogotano sigue resistiendo y transformándose. En 2026, la Administración Distrital abrió convocatorias para fortalecer 330 unidades productivas campesinas mediante entrega de insumos y herramientas tecnológicas rurales. Además, estrategias como “Somos Orgullo Campesino” continúan impulsando el reconocimiento económico y social de la ruralidad bogotana.

Detrás de cada cifra hay algo más profundo: personas.

Mujeres rurales que aún enfrentan barreras de acceso a derechos básicos. Jóvenes que luchan por permanecer en sus territorios. Líderes y lideresas sociales que sostienen procesos comunitarios pese a los riesgos. Familias enteras que siguen defendiendo el campo como una forma digna de existir.

Hoy, en medio de una ciudad que corre rápido, el campesinado nos recuerda algo esencial: nadie puede vivir sin la tierra.

Y quizá el homenaje más importante no sea solamente agradecerles un día al año, sino entender que defender sus derechos, proteger sus territorios y escuchar sus voces también es defender el futuro de Bogotá.

Porque mientras exista una mano sembrando en las montañas de la capital, Bogotá seguirá teniendo corazón.

 

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02/06/2026