Foto: Alejandro Zuluaga - nivel central
Mientras avanza la construcción del Metro de Bogotá, más de 135 toneladas de residuos fueron retiradas en Kennedy para recuperar el espacio público y fortalecer la cultura ciudadana alrededor de la obra más importante de la ciudad.
Con Operación Espacio Público seguimos llegando (las veces que sea necesario) a los lugares de Bogotá donde la basura parece haberse resignado a permanecer para siempre. Calles donde las bolsas rotas vuelan como cometas cansadas, donde los cambuches amanecen pegados al cemento y donde por años, se aprendió a mirar hacia otro lado. Desde hace un tiempo, justo por donde comenzará a pasar el metro, algo distinto empiezo a moverse.
En Kennedy, entre la calle 43 sur y la avenida Ciudad de Cali, el ruido de nueve volquetas, tres minicargadores y las voces de un equipo de 100 personas, reemplazó por varias horas el silencio la noche. Allí, en el corazón de las futuras estaciones 1 y 2 de la Línea 1 del Metro de Bogotá, como parte de una acción de sostenimiento, más de 135 toneladas de residuos fueron retiradas de 4,2 kilómetros lineales, en una jornada que además de limpiar calles dejó una pregunta flotando en el aire. ¿Estamos preparados para cuidar la ciudad que soñamos?
Porque el metro no es únicamente columnas gigantes ni rieles elevados atravesando barrios enteros. También es el espejo de la ciudad que lo rodea. Y Bogotá, que durante décadas imaginó este momento como quien espera una promesa imposible, empieza a entender que el verdadero viaje no solo será de pasajeros, sino de cultura ciudadana, porque esos trenes reflejaran la Bogotaneidad.
La intervención reunió a distintas entidades como Policía Metropolitana de Bogotá, Secretaría Distrital de Gobierno, Secretaría Distrital de Seguridad, Secretaría Distrital de Integración Social, Empresa Metro de Bogotá, Alcaldía Local de Kennedy y otras alcaldías locales, Aguas de Bogotá, UAESP y el operador de la zona Ciudad Limpia.
Y mientras las máquinas levantaban montañas de basura acumulada, vecinas y vecinos salían a las puertas de sus casas a mirar con una mezcla de sorpresa y, por qué no, de esperanza.
El secretario de Gobierno, Gustavo Quintero Ardila afirmo que “El Metro de Bogotá es la oportunidad para volver a empezar como ciudad” porque ya dejo de ser proyecto para convertirse en una realidad que exige nuevos hábitos, nuevas conversaciones y otra manera de habitar el espacio público.
Durante años, Bogotá se acostumbró a sobrevivir entre trancones, caos y basura arrinconada en las esquinas. Tal vez por eso el Metro representa algo más profundo: la posibilidad de reconciliarse con la idea de una ciudad moderna y digna. Pero ninguna obra monumental puede sostenerse sola si alrededor crece el abandono. Por eso, acciones de mantenimiento y sostenimiento para que los entornos permanezcan libres de desechos voluminosos, son vitales para el cuidado del espacio público, y para que la comunidad de este sector apropie el proyecto de corredor ecológico que ya está dando frutos: unas deliciosas mazorcas.
Detrás de cada tonelada de residuos retirada hay también un mensaje: el futuro no depende únicamente de las máquinas que construyen el Metro de Bogotá, sino de las manos que deciden no ensuciarlo, no invadirlo y no destruir lo que durante generaciones parecía imposible.
Te puede interesar: Metro a Metro activa compromisos en Santa Isabel y La Fragua para recuperar espacios y mejorar el bienestar de la comunidad