La Secretaría Distrital de Gobierno conmemora el Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada
El 30 de agosto, Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada, recordamos a Pedro Julio Movilla, dirigente sindical desaparecido en Bogotá desde 1993. La Corte Interamericana de Derechos Humanos responsabilizó al Estado colombiano y ordenó medidas de reparación para su familia, que por más de tres décadas ha mantenido viva la búsqueda y la memoria. Su historia simboliza a miles de familias en Colombia que aún esperan verdad y justicia.
La última vez que se vio a Pedro Julio Movilla fue un jueves, el 13 de mayo de 1993. Ese día debía recoger a su hija Jenny en el colegio Jhon F. Kennedy, en el sur de Bogotá. Pero no llegó. Desde entonces, su ausencia se volvió una herida abierta para su familia y para un movimiento sindical que aprendió demasiado pronto lo que significa el silencio forzado. El 13 de septiembre de 2022, la Corte Interamericana de Derechos Humanos dictó lo que los suyos venían gritando desde aquel día: el Estado colombiano fue responsable de la desaparición de Movilla, dirigente sindical, militante del Partido Comunista de Colombia Marxista Leninista (PCC-ML) y hombre que soñaba con un país más justo.
La espera interminable
“Uno nunca deja de buscar”, decía Jenny, la hija que aquel 13 de mayo esperó inútilmente a su padre en la puerta del colegio. Su historia, como la de miles de hijos e hijas en Colombia, quedó marcada por un vacío imposible de llenar. La familia denunció persecución, hostigamientos y un dolor sostenido en el tiempo, agravado por la indiferencia institucional.
Durante años, los testimonios apuntaron a lo mismo: agentes de inteligencia lo vigilaban, lo catalogaban con alias, lo señalaban como enemigo interno. Había informes de la Brigada XIII del Ejército donde aparecía como “adiestrador delictivo” del EPL y secretario de la Federación de Trabajadores de Córdoba. Incluso un testigo aseguró que la Dijín preguntaba insistentemente por “Movilla o Milton” tras detenerlo en Cartagena. Las piezas estaban sobre la mesa, pero nunca hubo una investigación seria.
El fallo y la memoria
La Corte IDH concluyó que Colombia violó los derechos a la vida, a la libertad, a la integridad y a la personalidad jurídica de Pedro Julio Movilla. Pero el fallo también reconoció otra dimensión de la tragedia: el abandono en que quedó su familia, condenada a vivir entre el miedo y la búsqueda, sin acompañamiento ni justicia. Por eso ordenó medidas de reparación, entre ellas atención en salud física y mental, un acto público de reconocimiento de responsabilidad y, sobre todo, la obligación de continuar con la búsqueda de Pedro Julio.
Más que un nombre
Movilla no fue solo una víctima. Fue un sindicalista en Medellín y Bogotá, un líder comprometido con la defensa de los trabajadores, un hombre con convicciones políticas que incomodaban al poder. Su desaparición es la historia de un país que intentó callar a quienes soñaban en voz alta.
Hoy en día se reafirma que el silencio no puede ser la última palabra. La memoria insiste, como insiste la voz de su familia, en que Pedro Julio Movilla sigue siendo un nombre que reclama verdad y justicia.
Treinta y dos años después, la ausencia de aquel padre en la puerta del colegio se convierte en símbolo de todas las ausencias. Pero también en la certeza de que la verdad, aunque tarde, sigue llegando.