SDG más social

Gracias Bogotá, por hacerlo posible

  • Foto de una cadena humana pasando donaciones, se enfoca en una mujer de la tercera edad
    ¿Cómo ayudamos?

    Fue la primera señal de que el terremoto, aunque no hubiera ocurrido en Bogotá, sí iba a tener una historia bogotana. Y comenzó, como suelen comenzar las grandes gestas, con acciones poco heroicas. Donar un paquete de arroz, una cobija, una botella de agua, y algo muy escaso en Bogotá: tiempo.

    Fotografía: Camilo Triana
    Secretaría Distrital de Gobierno
  • Foto de una mujer recibiendo un paquete de donación

    El reto era convertir esa voluntad dispersa en ayuda real. Porque la solidaridad necesita algo más que buenas intenciones: necesita organización, logística y manos dispuestas a trabajar, por eso, la Alcaldía Mayor de Bogotá entró en la escena. Se habilitaron puntos de acopio, coordinaron vehículos, rutas y despachos.

    Fotografía: Camilo Triana
    Secretaría Distrital de Gobierno
  • Foto de un grupo de personas organizando las donaciones

    Y aparecieron las y los voluntarios: personas que cargaron, clasificaron, empacaron y recibieron cajas durante horas. Manos que, sumadas unas a otras, terminaron convirtiendo el esfuerzo de muchas personas en la respuesta de toda una ciudad.

    Fotografía: Camilo Triana
    Secretaría Distrital de Gobierno
  • Foto de un grupo de personas organizando las donaciones dentro del Palacio de los Deportes

    Para mediados de agosto, Bogotá reporto más de 3.200 toneladas de ayudas humanitarias recogidas en sus 4 puntos de acopio. Más de 1.000 fueron reunidas en el Palacio de los Deportes, el punto de acopio gestionado por la Secretaría Distrital de Gobierno. Pero estas cifras cuentan solo una parte de la historia.

    Fotografía: Camilo Triana
    Secretaría Distrital de Gobierno
  • Foto de una cadena humana recibiendo dondeaciones donde se destacan dos mujeres jovenes

    Detrás de cada tonelada hubo alguien que racionó su comida o sus gastos para poder donar. Alguien que salió del trabajo para cargar cajas y regresó al día siguiente, y después al siguiente. Alguien que siguió empacando y cargando, aunque le dolieran los brazos.

    Fotografía: Camilo Triana
    Secretaría Distrital de Gobierno
  • Foto de una mujer joven llevando una donación en horas de la noche

    Ayudar también dolía. En los centros de acopio se podía sentir esa mezcla extraña entre satisfacción y frustración: la alegría de haber hecho algo y, al mismo tiempo, la angustia de saber que ese algo no alcanzaría. Una caja de arroz puede alimentar a una familia durante un tiempo, pero no puede devolverle su casa. Y, sin embargo, nadie se detenía.

    Fotografía: Camilo Triana
    Secretaría Distrital de Gobierno
  • Foto de un grupo de mujeres aplaudiendo felices por la llegada de donaciones

    Quizá porque la solidaridad no funciona con la lógica de “si no puedo solucionarlo todo, no hago nada”. Funciona al contrario: hago lo que puedo, después, alguien hará algo más. La reconstrucción, sin embargo, es otra historia. Exige algo más difícil que la solidaridad de los primeros días: exige memoria.

    Fotografía: Camilo Triana
    Secretaría Distrital de Gobierno
  • Foto de una cadena humana donde se enfoca en una mujer joven recibiendo donaciones

    Por eso, la imagen que mejor resume esta historia no sea la de un camión lleno, sino la de una persona llegando con una caja, porque detrás de ella hay alguien que decidió no pasar de largo.

    Fotografía: Camilo Triana
    Secretaría Distrital de Gobierno
  • Foto de varias hojas de papel con dibujos con mensajes de esperanza

    Las donaciones no llegaron solas. También llegaron las cartas de quienes se tomaron el tiempo de escribirle a una persona desconocida para decirle, desde lejos, que no estaba sola. “Tu casa colapsó, pero tu corazón sigue latiendo, animo, eres fuerte.”

    Fotografía: Alejandro Zuluaga
    Secretaría Distrital de Gobierno
  • Foto de una tractomula saliendo del Palacio de los Deportes de Bogotá con un cargamento completo de donaciones

    Tal vez eso sea, después de todo, la solidaridad: hacerle llegar una mano a alguien cuando uno está demasiado lejos para darle la propia.

    Fotografía: Camilo Triana
    Secretaría Distrital de Gobierno
Sandra Mendoza
27/08/2026

El terremoto del 10 de agosto ocurrió lejos de Bogotá, pero durante días la estremeció. Las paredes siguieron en pie, la ciudad continuó con su rutina. Pero algo había cambiado. Las noticias que llegaban desde las zonas más afectadas como Chocó, Valle del Cauca o el Eje Cafetero no se quedaron solo en la pantalla, surgió una voluntad colectiva de hacer algo.

La respuesta llegó en forma de alimentos no perecederos, medicamentos, elementos para la construcción, hogar y aseo, horas de trabajo y mensajes de aliento. Un gran grupo de personas voluntarias, mujeres, hombres, jóvenes y personas mayores, pusieron sus manos al servicio de una emergencia.

Esta es la historia de solidaridad de una ciudad que, sin haber sido golpeada por el terremoto, decidió no mirar para otro lado.

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