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El Restrepo, el corazón en los pies

Viernes, Marzo 5, 2021
El Restrepo, el corazón en los pies

“Estamos parados sobre la historia de Bogotá”, nos dijo Yesid Ángulo, de 'El Peletero', con la seguridad de cronista del barrio. Y sí, la historia del Restrepo es un poco la historia de la Bogotá que dejó de ser Santa Fe. 

Para comienzos de los años 30 del siglo XX, la capital contaba con poco más de 300 mil habitantes (tres veces más que su población de 1905), pero con un nivel de urbanización propios del siglo XIX. 

El desplazamiento causado por la guerra de Los Mil Días y las mejoras sanitarias que habían disminuido la mortalidad jalonaron el crecimiento inusitado de la capital. Se requería la construcción urgente de más viviendas, pues el centro ya había copado su posibilidad, disparando los precios de los inmuebles.

Con la llegada de los aires reformistas de la Revolución en Marcha de los gobiernos liberales y la celebración del cuarto centenario de la fundación de la ciudad, se construyeron parques y avenidas.  

Antiguas haciendas fueron loteadas para construir nuevos barrios obreros. La Hacienda Quiroga y sus 108 fanegadas fueron las que dieron origen a El Restrepo (llamado así por el presidente conservador de 1905, Carlos Eugenio Restrepo).

Para los años 40 el flujo de inmigración campesina continuaba y se incrementaría para los 50 por La Violencia. Se dio un florecimiento inesperado de una industria, la del calzado, pues 60% de la población, mayoritariamente campesina, andaba  descalza. Algo extraño hoy, pero un factor dinamizador en ese entonces de la industria del calzado. La condición física y social del entorno urbano demandaba el uso del que hasta entonces era un artículo de lujo: el zapato.

“Mi papá es uno de esos migrantes, ¿sabe? Él vino de Cali, del barrio Obrero, por los años 40 a buscar la vida como solador de zapatos y se empleó acá en El Restrepo”, nos dice Gabriel Perea, en la fábrica que tiene con su esposa desde 1992.

“En la fábrica de mi papá, por las tardes, al volver del colegio, ayudaba en lo que me pusieran a hacer. Pasé por todos los oficios, desde cortar las piezas hasta vender y cobrar facturas”, cuenta.

Las cosas nunca han sido fáciles para nadie.  “Cuando me independicé, comencé con mi señora, dos hijas pequeñas y mil pesos por capital”, dice. Luego vino la apertura económica, el apagón de Gaviria y la guerra de Pablo Escobar.

“Ese año perdí 14 kilos de peso del esfuerzo y la pensadera. Pero con todo y todo, salimos adelante. De haber empezado con mi señora pegando suelas y cocinando, y yo cortando y vendiendo, tenemos esto que ve aquí”.

A pesar de ser ingeniero civil graduado, solo ejerció ese saber para construir la edificación que hoy es la fábrica. “No supe cómo fue eso, pero así fue. Solo quise, solo supe fabricar calzado”, indica.

La pandemia fue un parón en seco, como lo fue para casi todo el mundo: “Imagínese, las ventas detenidas y con 30 empleados que tenía, 105 personas que dependían del ingreso de ellos. Fue muy duro eso, consiguiendo préstamos, buscando cómo ayudarles con mercados, aguantando. No quiero ni recordar”.

Las cosas siguen duras y, aunque ya han vuelto a trabajar, el ritmo va lento. “Hay que querer mucho este oficio, le cuento. Estos zapatos llevan corazón”. Mira su obra mientras lo dice.

No exagera. Basta salir a dar una vuelta por las vitrinas del barrio para quedar enamorado de la belleza de piezas de diseños increíbles, elegantes unos, absurdamente floridos otros, pero siempre con la sensación de que quién los hizo puso todo de sí en ellos. ¡Y a unos precios que parecen broma!

Los pies de los bogotanos han pasado siempre por el Restrepo. Bien que haya uno caminado sus calles, bien que ni se las imagine, en algún momento de la vida nuestros pies calzaron unos zapatos hechos por un zapatero de El Restrepo que puso su alma en ellos. Tenemos aun mucho por caminar con ellos. 

Venga, dese una vuelta y llévese un corazón en ellos.