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Entrevista al concejal y urbanista de Quito, Fernando Carrión
jueves, 12 de junio de 2008
“Gobierno de Samuel Moreno se inscribe en la nueva tendencia progresista de las ciudades de Latinoamérica”
“El gobierno de la ciudad en América Latina está viviendo un momento interesante de transición y cambio de la mano de nuevas fuerzas políticas, gracias a la presencia de una nueva coyuntura urbana que trae un renovado gobierno con signos progresistas. En esa tendencia se inscribe el triunfo político del hoy alcalde de Bogotá, Samuel Moreno Rojas”. Este análisis es del urbanista ecuatoriano, actual concejal de Quito y coordinador del Programa de Estudios de la Ciudad de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (CLACSO), Fernando Carrión Mena.

Para este analista y catedrático universitario ecuatoriano, uno de los factores que contribuyó notablemente al cambio en el nuevo enfoque de gobierno de las ciudades latinoamericanas, ha sido el fracaso rotundo del modelo neoliberal con la privatización de la gestión pública en todos sus órdenes.
“La privatización hace que la ciudad empiece a ser víctima del abandono de lo cívico, de la pérdida de su condición de espacio público y del fortalecimiento de la exclusión de los sectores populares. Se registra una concentración de la propiedad y la penetración de capitales transnacionales en desmedro del pequeño capital nacional, lo cual reduce el compromiso de la población con la ciudad y erosiona el sentido de ciudadanía”, sostiene.
En desarrollo de ese modelo conocido como de “libre mercado” y “competitividad” se generaron dos modelos de gestión en el desenvolvimiento político de la urbano: “un modelo que apuesta a la vía mercantil privada y concibe al espacio público como un freno para el desarrollo urbano, y otro pretende atemperar la crisis mediante un enfoque que le asigna un mayor peso a lo ciudadano, dándole prelación e importancia al enfoque de derechos ciudadanos”.
En contraste, agrega Carrión, “el otro modelo, al que denominamos «ciudad inclusiva», pretende resignificar lo público como opción frente a los problemas urbanos, a través de dos estrategias: por un lado, la reconstitución del aparato municipal como una instancia estatal y pública de gobierno, dentro del cual la participación y la representación son elementos claves. Y por otro, la reconstitución de la ciudad a partir del espacio público, como un factor estructurante de la urbe en su dimensión física (organización espacial), social (identidades e integración) y ciudadana (constructor de derechos: salud, educación, etc.)”.
“Se trata -explica- de un esquema de gobierno local, y no solo de gestión. El objetivo es tener una incidencia general en la sociedad local a partir de una multiplicidad de competencias y encontrar un justo medio entre representación y participación de la sociedad en el aparato municipal. Sobresalen, aquí las ideas de democratización del gobierno local y de racionalización de su administración pública a partir del énfasis en lo territorial por sobre lo sectorial. Este enfoque impulsa la gobernabilidad y el desarrollo urbano en sus ámbitos económico, social, cultural, a través de una mejor integración social que no implica homogenización y una mayor participación de la población. La gestión asume diferentes perspectivas: como se está viendo ahora en la capital colombiana con el Programa de Desarrollo del Alcalde Samuel Moreno Rojas, “Bogotá Positiva: para vivir mejor”; “La ciudad de todos” en Lima; la propuesta del “Presupuesto participativo” de Porto Alegre en Brasil o la de “planificación estratégica” de Rosario en Argentina o Montevideo”.
Bajo este modelo de democracia incluyente, la ciudad vuelve hacer, explica este catedrático universitario, “el lugar donde los derechos y los deberes de la población se constituyen, a partir de tres elementos centrales. En primer lugar, la polis, es decir el espacio de la participación y la democracia que busca representar al colectivo social en la satisfacción de los derechos políticos, sociales, culturales y económicos propios de la ciudadanía. Luego, la urbs, como el espacio diferenciado de lo rural que representa la inserción del ciudadano en la ciudad, porque es aquí donde se construyen los derechos sociales. Y por último la civitas, como el espacio que construye una comunidad de sentido, porque representa el derecho que tiene la población a la identidad y la representación. Eso es, en suma, la ciudad: el espacio donde nacen y se ejercen los derechos y deberes de ciudadanía, y donde el ciudadano se constituye como el elemento esencial de la vida social”.
Desde una óptica política, Carrión considera que es el movimiento histórico el que le da vida a la ciudad y es el mismo que le permite resistir. “Una urbe no es solo el lugar donde se concentra la población: adquiere la cualidad de tal al asumir su condición de polis. Por ello, las metrópolis o megalópolis no pueden ser simplemente escalas superiores, demográficamente hablando, de la ciudad. Esto implica pasar de una concepción puramente demográfica de la ciudad a otra que tiende a devolverle la polis a la civitas, sobre la base de la restitución de la articulación de la tríada ciudad-estado-ciudadanía. Si la ciudad es el espacio político por excelencia, lo que se observa hoy en América Latina es que la política empieza a retornar a su lugar de nacimiento: la ciudad. Y ello ocurre en una coyuntura en la que hay un desprestigio de la política y una despolitización de la ciudad. En este contexto, la urbe se convierte en objeto de la política, con dos fuerzas claramente identificadas que se disputan su destino: la que propugna por el modelo neoliberal y la que defiende el esquema de ciudad incluyente en defensa de los derechos y garantías ciudadanas”.
También el urbanista ecuatoriano se refiere al proceso conocido como conurbación y explica que “América Latina se ha convertido en un continente urbano, si se lo mide por la cantidad de población concentrada en las ciudades, pero también por el peso económico, cultural y político que estas han adquirido. La creciente concentración urbana, en un contexto de globalización, ha dotado a la ciudad de un protagonismo único, en un momento en que los territorios también adquieren mayor presencia. Esto ha introducido una nueva dinámica ciudad-región, definida por una relación económica, cultural, social y política distinta. Las grandes regiones emergentes y las principales aglomeraciones urbanas (capitales) son la avanzada de este proceso y actúan en algunos casos de manera integrada y en otros en franca disputa”.
La ciudad: el espacio donde nacen y se ejercen los derechos y deberes de ciudadanía
Lo interesante de este proceso es que las ciudades capitales de Latinoamérica “viven un proceso de redefinición y transformación significativa, cuyo origen es la recuperación de la democracia en un contexto de reforma del Estado.
Resalta que uno de los cambios que define la relación entre gobierno y territorio en una capital “es el que se produjo, por ejemplo, en Quito y Bogotá, ciudades que mantienen la unicidad de la gestión sobre un territorio indivisible, pese a lo cual se han creado unidades menores de administración desconcentrada. En Quito, esto se concretó en 1993 a través de una ley que creó ocho administraciones zonales, mientras que Bogotá, luego de la reforma constitucional de 1991, alberga 20 alcaldías menores”.
Para este experto ecuatoriano en urbanismo, al despuntar este nuevo siglo, los Estados pierden fuerza por un lado, en el escenario internacional debido a una crisis en apariencia irreversible, contrariamente a lo que ocurre con las empresas transnacionales, cada día más vigorosas, que fracturan con sus políticas de escala mundial la presencia estatal y extienden la mano invisible del mercado a los lugares estratégicos, y por otro, frente las ciudades.
En este contexto, explica, “la ciudad adquiere protagonismo y se transforma significativamente porque existe un importante proceso de concentración de la población, de desarrollo de las tecnologías de comunicación, del mercado y de la política, y por el empoderamiento de la ciudad debido a los procesos simultáneos de globalización y descentralización. Este movimiento de cosmopolización urbana permite hablar de un importante cambio en la definición clásica de la ciudad enclaustrada y delimitada, a otra que ha multiplicado sus mutuas y plurales relaciones en ámbitos más amplios. En todo caso, hoy la ciudad se define como una ciudad en red y no como la ciudad frontera del pasado”.
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